Rodela / Rodelero

La rodela [o rodel] era un escudo metálico circular cuyo uso fue evolucionando a lo largo de la Edad Moderna.
Los antiguos escuderos [escudados, rodeleros o enrodelados] que luchaban con espada y rodel [también con escudo o medio pavés -rectangular y no redondo -] fueron perdiendo su peso en las armas españolas a principios del XVI.
Nominalmente, habían desaparecido ya para 1503, año en que los Reyes Católicos ordenaban armar su infantería "a la suiza", con picas y ballestas o espingardas, pero como veremos, su uso no se abandonó entonces.

El rodelero en el campo de batalla. El parecer y testimonio de Diego de Salazar.

En 1536 - año de la Ordenanza de Génova que da lugar al sistema de los Tercios - se publicaba el Tratado de Re Militari donde en su libro segundo Diego de Salazar defendía el uso de rodeleros en el escuadrón de picas y arcabuceros.

El autor asumía que la manera de combatir de los pueblos Tudescos - "mayormente de los çuiços" - imitadas por los ejércitos españoles con éxito "de cuarenta años a esta parte" se había acabado imponiendo, pues la formación de picas era inexcusable ante la caballería, pero defendía que el uso del escudo era imprescindible si se quería luchar a espada, y que ésta era más útil que la pica luchando "en lo estrecho" en un combate entre dos escuadrones de infantería, cuando estos dos escuadrones llegaban al punto de jugar las picas.

Estos rodeleros - así como los piqueros - deberían ir fuertemente armados, casi como hombres de armas descabalgados [aunque podían prescindir de la defensa de las piernas] asumiendo que la ventaja que perdían en la ligereza de movimientos la ganaban en el poder acercarse a luchar a distancia de la hoja de la espada, pues una vez pasadas "las primeras puntas de las picas" no era dificultad vencer al piquero "que pocos hay que tengan armadas las piernas, ni brazos ni ninguno la cabeza" [la falta de protección de la cabeza indicada por el la atribuye a que el morrión no protegía el rostro ni la garganta; proponía para solventar estos déficits el uso de una celada y una gola o gorgal].

Ofrecía don Diego ejemplos de la Barletta [1503] y Rávena [1512] donde a golpe de espada se habían roto escuadrones del enemigo.

Ofrezco un extracto de la relación contemporánea de esta última batalla por confirmar con otro testimonio el recuerdo de Salazar:

Relación de los sucesos de las armas de España en Italia en los años de 1511 y 1512, con la jornada de Rávena. CoDoIn, t.79
Entonces, como un escuadrón de los enemigos ésto viese, juntó de hasta ocho mil gascones y tudescos arremeten: ansimesmo los nuestros se van á ellos, y afrontando el un escuadrón con el otro, tal gana llevaban de acercarse los unos á los otros y de tal manera se juntaron, que las picas suyas con las de los nuestros se tocaban y ni los unos las podían rodear para herir á los otros, ni los otros á los otros y viendo ésto un Coronel llamado Artieda y otro llamado Joanes de Arriaga, toman una pica, el uno por el hierro y el otro por el cuento, y métense entre medias, y debajo de las unas picas de los nuestros y de las de los enemigos, alzan las picas hacia arriba, y ellos metidos dejan la pica, y con espadas y rodelas viérades el segar y derribar de los enemigos como peones en buen pan.
[...]
pues, ¿qué diremos de toda la otra y muy esforzada infantería, sino que tan buen recaudo se dio, que del primer escuadrón que digimos de gascones y tudescos, de ocho mil, al primer encuentro no dejaron de ellos vivos mil y quinientos? Y de tal manera después los siguieron, que roto aquel escuadrón, el otro segundo escuadrón de los franceses se comenzó á retraer, y los nuestros siguiéndoles les ganaron su artillería; y como los franceses fuesen puestos en huida y los nuestros tras ellos.

A pesar de lo exitoso del suceso, parece ser que abrirse paso en el erizo de picas no era fácil. Aún así, es evidente que una vez penetrado el escuadrón, los soldados que lo formaban no pudieron ofrecer defensa alguna, luchando a título individual.

Proponía Diego de Salazar un escuadrón de seis mil infantes, con tres mil piqueros, dos mil rodeleros [armados con rodela y dardo, a modo de los antiguos romanos] y mil arcabuceros, aunque luego sugiera el uso de ballesteros.

Ya que para Pavía [1525] el 35% de los soldados eran bocas de fuego [entre escopeteros y arcabuceros] los mil arcabuceros [17% de los soldados] que propone Salazar se antojan muy pocos tiradores.
Sustituir la confianza depositada en la moderna arcabucería recuperando una antigua forma de combatir - que sin duda había dado éxitos puntuales - parece ser fruto de la nostalgia, aunque don Diego razona por extenso el uso de estos rodeleros.

Este ejercicio teórico, sumado a los ejemplos aportados, demuestra que el rodelero podía tener un papel, como lo tuvo el alabardero o el montantero, pero quedó en un plano secundario respecto al piquero [fuera pica seca o coselete] y al arcabucero [al que se le sumaría en la década de 1560 el mosquetero].


Rodelero protegiéndose del ataque de un arma enastada, según la ilustración de la edición de 1550 de "Opera nova de Achilee Marozzo Bolognese, mastro generale de larte de larmi".

La rodela en los asaltos, reconocimientos y otros lances

Tuviese un papel más o menos importante en el campo de batalla donde primaba el uso de formaciones cerradas, en ocasiones tales como asaltos y golpes de mano se continuó usando.
Así, en mayo de 1652, soldados catalanes defensores de Montjuïc atacan el fuerte de San Farriol defendido a cargo del maestre de campo Juan de Castillo dando el asalto con escalas "con espada y rodela, y con mucho valor".

La rodela jugaba un papel importante en los asaltos, pues bien colocada protegía el torso, destacándose por varios autores el papel defensivo que tenía contra las pedradas lanzadas desde las murallas. En este punto de verse cara a cara se usaba cualquier tipo de arma, y un acopio de piedras podía ser harto más efectivo que un lento mosquete o arcabuz con tiempos de recarga que se antojarían infinitos viendo al enemigo trepar la escala.

En 1567, Diego Gracián en su De Re Militari, aseveraba que de la rodela poco caso se hace "sino es en algun asalto, o toma de ciudad: con todo eso, pocos la traen, sino son los capitanes".

Así, en una salida que el 2 de junio de 1560 hacen los defensores de Los Gelves contra los sitiadores turcos, sabemos que el capitán Galarza portaba rodela, pues recibió dos impactos de bala en ella:
Este Capitán Galarza era un buen soldado, y sacó dos arcabuzazos en la rodela, y dende á pocos días le mataron en el caballero de San Juan de un arcabuzazo.
Relación de la jornada que hicieron á Trípol de Berbería las armadas católicas, años 1560 y 61

En este detalle del fresco central de la Toma de Orán por el Cardenal Cisneros de la capilla mozárabe de Toledo pintado por Juan de Borogña en 1514, se puede ver como los rodeleros están al frente de los asaltantes, respaldados por escopeteros y algún piqueros y ballestero, y un empavesado

Paje de rodela

El capitán debía tener una rodela, y para llevarla era común que se hiciera servir de un paje de rodela, que podía ser el paje de jineta o un criado del oficial, que asimismo podría portar un morrión fuerte para el uso de su amo.


De la ilustración precedente, puede inferirse que el "soldado bajito" que acompaña al personaje masculino principal de la escena, era un muchacho que ejercería de paje de rodela. Ni siquiera lleva espada, sino tan sólo, lo que puede creerse sea un puñal prendido al cinto en su diestra.

Hacer de paje era una manera de iniciarse en la carrera militar a temprana edad, y dada la posición de a quien se servía, algo mejor que la del ejercicio de mochilero, como hizo el capitán Alonso de Contreras con catorce años de edad, el año de 1597:

Llegué á Palermo y luego me recibió por paje de rodela el capitán Felipe de Menargas, catalán; servíle con voluntad, y él me quería bien.


La rodela fuerte o a prueba

A medida que hicieron su aparición las armas de fuego, fue necesario el desarrollo de protecciones capaces de detener la pelota lanzada con potencia, primero para defenderse del arcabuz, y posteriormente, del mosquete.

Dado que el perímetro de las plazas fuertes era defendido con esta última arma, en los trabajos de reconocimiento de las defensas - así como en los trabajos de aproximación por trinchera o en las minas si se topaba con una contramina - se recomendaba el uso de una rodela fuerte, o rodela a prueba de mosquetes.

También en los asaltos o escaladas se recomendaba el uso de una rodela fuerte, a prueba de arcabuz:
D. Alvaro iba armado de un peto fuerte y una celada, con una rodela acerada, á prueba de arcabuz, y una espada desnuda en la mano
Salida en defensa del fuerte de Los Gelves en la cual Álvaro de Sande fue prendido, en Relación de la jornada que hicieron á Trípol de Berbería las armadas católicas, años 1560 y 61


  Un "Hispanigscher coronell" dedicándose a la no muy noble tarea de atravesar el abdomen de una burguesa de Maastricht, eso sí, debidamente protegido con una rodela en su brazo izquierdo.

Evidentemente, como sucedía con el resto de armas, las rodelas de los oficiales - o de aquellos soldados, particulares y aventureros que podían permitírselo - eran grabadas, decoradas más o menos espléndidamente, con broquel dorado, orlas y los adornos que se considerasen oportunos para denotar la posición social del propietario.

Venia Alberto con un peto a prueva,
Morrión, gola i espaldar, armado
Espapa i daga, i una gruessa i nueva

Pica, de un fresno altissimo tostado,
un paje la rodela fuerte lleva,
En cuyo campo de oro está gravado
un Vnicornio que con lalta frente
Mueve las aguas de una dulce fuente.

El Monserrate segundo, Cristóbal de Virués, 1601.

Las rodelas del catálogo de la real armería [1898] tienen un diámetro de entre 0.54 y 0.62m. Podían ser lisas o de "ombligo en punta", como la que porta este infante inglés de una ilustración de Theodor de Bry del Americae Pars ¿Sexta? :


En el catálogo de la Real Armería de 1849 se dan pesos de varias rodelas: desde 6 libras [castellanas, de 460gr] unos 2.76Kg, a 2 arrobas [1 arroba castellana = 25 libras] unos 23Kgs de una rodela a prueba de mosquete.

Aparecen otras rodelas a prueba de mosquete catalogadas: de 38 libras [17.48kg], 2 arrobas menos media libra [22.77kgs] y otras sin clasificar, de 9 libras [4,14kg], 10 libras, a 1 arroba [11,5kg].

A gusto del usuario y según necesidad.

En todo caso, se antoja posible que caminando, reconociendo las obras de aproximación al foso de las trincheras del asedio, una persona pudiera sostener 23kgs un rato más o menos largo, pero correr con este peso, resulta difícil, sumándolo a otras piezas de las protecciones, como estos infantes que corrían Bergen op Zoom. En todo caso, parece que una rodela a prueba estándar pesaría de 8 a 15 kgs.



Bernardino de Mendoza [1577] da varios ejemplos de su uso en minas, trincheras y asaltos.
Coloma, nos señala como Valentín de Pardieu, monsieur de la Motta murió en un reconocimiento, a pesar de llevar armas fuertes:
 
Atendiendo, pues, a esto la Mota, con extraordinaria diligencia yendo aquella misma noche a reconocer el puesto donde había de plantar la artillería, le alcanzó un mozquetazo por encima del ojo derecho que le salió al colodrillo, de que cayó luego muerto. Afírmase que en su vida con haber hecho aquello infinitas veces le habían visto pedir armas fuertes sino aquella noche, que en el reduto que se levantó aquella tarde para comenzar a abrir trincheras pidió sus armas al capitán don Jerónimo de Silva y, con todo eso, le dieron por entre la falda del morrión y la rodela.

La rodela podía ser llevada a las espaldas, como muestra la imagen de la salida de Lieja de la guarnición escocesa de los Estados, en enero de 1577:



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