Las tropas de la jornada de los Gelves [1520] / Infantería desmandada [1521]

Tras el fallido intento para tomar Argel de 1518, dirigido por Hugo de Moncada, capitán general de la mar y virrey de Sicilia, se consideró necesaria una nueva expedición sobre los Gelves [Djerba] habiéndose hecho señores del mediterráneo occidental los corsarios berberiscos, realizando estos piratas varias entradas en el levante español.

En el verano de 1519 comienzan los preparativos para formar una armada en los puertos de Barcelona, Valencia, Cartagena y Málaga que marchará a Sicilia tras recalar en Ibiza y Formentera [véase el Apéndice sobre la composición de la misma].

A finales de octubre de 1519, la armada hispana se halla repartida entre el puerto de Trapani [1] y la isla de Favignana.

Tras estar un tiempo embarcados hombres y caballos, a finales de noviembre se les permite desembarcar, y a la infantería que se hallaba en Favignana se la traslada a Sicilia, dando alguaciles para dar estancia y alojamiento a infantes y hombres de armas por las tierras y castillo vecinos.

Tras hibernar en Sicilia, con no pocos problemas, incluyendo un motín de la infantería alojada en Marsala - provincia de Trapani - en marzo comienza el reembarco de caballos y municiones, con algún incidente de gravedad, como la pérdida de 4 barcas cargadas con pólvora de escopeta y vino, siendo difícil de reemplazar dicha pólvora.

Don Hugo de Moncada, capitán general de la Armada, confisca todos los navíos cargados de queso en el reino de Sicilia, una manera de financiar - temporalmente - la expedición, mediante expropiación forzosa de mercancías, que en parte sirve como paga para los infantes: 6000 de las 10000 salmas de queso.

A los soldados, que habían tomado las armas, saqueando maserías, que se hallaban odiados por los regnícolas, y que demandaban su sueldo para obedecer la orden de embarque, don Hugo los contenta con un ducado de socorro y la promesa de la paga tras ser conducidos a los Gelves.

Se pasa la muestra: 560 hombres de armas, 320 caballos ligeros, 6400 infantes [2] van en la armada, así como muchos gentileshombres y caballeros, así flamencos como italianos y españoles - incluyendo algún caballero de Rodas - y aventureros, o soldados sin plaza ni sueldo.

Hombres de armas embarcándose en Barcelona para la jornada de Túnez [1535]. Detalle del tapiz nº2 de la serie de Vermeyen, titulado "Revista de las tropas en Barcelona". 

Parte entonces la armada la noche del 16 de Favignana, el 17 de abril de Trapani y el 18 de Mazara.


Desembarco y primera marcha sobre los Gelves

El martes 24 de abril, la Armada de 56 naves y 11000 toneladas con vituallas para mes y medio, recala en la "Rocchetta" de Djerba, lugar fuerte con agua - que se encuentra con facilidad tras excavar en la arena - que se halla a 18 millas del castillo que han de tomar por fuerza o rendir con amenazas, desembarcando en dos días, sin ver moro alguno, y procediendo a construir tres bastiones para proteger su campamento.

El desembarco se hacía normalmente con embarcaciones de menor calado,con barcas o esquifes, como puede verse en la imagen, que copia el desembarco en las islas Terceras de la Sala de Batallas del Escorial [fresco pintado en los años 80 del siglo XVI]

Moncada recibe unos embajadores del señor de Djerba, pero asume que se trata de exploradores que vienen a reconocer el campo.

El sábado 28, tras refrescarse hombres y caballos, el ejército se mete en orden para caminar al castillo de Gelves, con el objetivo de "reconocer el país".

El pequeño ejército camina en dos cuerpos en lugar de los tres como es costumbre: con dos escuadrones de infantería y dos de caballería, repartidos en vanguardia y retaguardia, y un "squadroneto" formado por unos 300 caballos de los gentileshombres y caballeros particulares a la izquierda de la vanguardia.
La vanguardia la conduce Diego de Vera, capitán muy práctico en la artillería, aunque cuestionado durante la fallida jornada de Argel en 1516, y la retaguardia se halla a cargo del propio capitán general, Hugo de Moncada.

Se camina "con poco orden y estimando en poco al enemigo". A milla y media de partir del campo, cruzando un llano, el ejército es atacado por unos diez o doce mil moros a pie y 200 de a caballo que surgen desde un palmeral. Los atacantes usan grandes lanzas de 32 palmas, así como escopetas largas y actúan con gran fiereza y celeridad, "viniendo hasta meterse en las picas" y sin tiempo a que los infantes puedan bajar las picas o tirar las escopetas, haciendo recular hombres de armas, que en su huida desordenan a la infantería. En este momento, pierden tres piezas de artillería a manos del enemigo.

Ataque moro en Túnez [1535]
Es el escuadrón integrado por los gentileshombres el que reacciona adecuadamente y rompe a sus atacantes, rechazándolos y siguiéndolos por espacio de un tiro de ballesta matando a 100 de ellos.

Por su parte, la infantería y hombres de armas de la retaguardia no tiene mejor comportamiento, y es don Hugo de Moncada con los hombres de pelea de su casa el que mantiene la posición. En la acción recibe una lanzada en un brazo, su mayordomo muere, así como otro caballero napolitano, pero consiguen rehacerse y recogiendo a 100 hombres de armas de los que habían reculado, los lidera y rompe a los atacantes.

Jinetes con sus adargas, y hombres de armas protegidos con sus arneses, respaldados por escopeteros, persiguen a caballería árabe [y peones] hasta las murallas de Orán. en 1509, según retablo de la capilla mozárabe de Toledo realizado por Juan de Borgoña en 1514.
Tanto los gentileshombres como don Hugo de Moncada siguen la victoria, persiguiendo a los moros que huyen. La pelea ha durado dos horas, y habiéndose distanciado Moncada de Vera, se toca a "raccolta", reuniéndose los dos escuadrones. Los moros hacen lo propio, y quedan los dos campos distantes a tiro de culebrina.

En el encuentro han muerto unos 400 o 500 moros, y unos 200 infantes cristianos - entre ellos, Luis de Moncada, sobrino del capitán general y dos capitanes [3] y dos alféreces - así como unos 60 caballos. Los cristianos retornan a su campo, y los moros, a su tierra.

Fuerte de San Miguel

El 8 de mayo, el ejército camina de nuevo, hechos tres escuadrones de infantería y hombres de armas, con la vanguardia a cargo de Diego de Vera y con Hugo de Moncada con un 80 caballos yendo de un escuadrón a otro, manteniendo el orden. Caminan hacia el castillo durante cinco o seis millas sin hallar moro alguno, y hallando una casa en un lugar apropiado, la fortifican, bautizándola como San Miguel, estando a 10 millas del castillo.

El día 9 de mayo, hallándose 2 banderas de hombres de armas haciendo guardia, unos 50 o 60 árabes a caballo vienen a dar arma en el campo, y algunos caballeros particulares respaldados por dichos hombres de armas, los embisten, haciéndoles huir y persiguiéndolos. Cuando se hallan a punto de alcanzarlos, perciben que los hombres de armas que se suponía les hacían espalda, se han dado la vuelta al campo, dejando a los avanzados en gran peligro, pues los jinetes árabes, viéndoles huir, dan sobre ellos, siguiéndoles hasta el mar, donde las galeras y los del campo tiran la artillería contra los perseguidores, matando a tres hombres de armas del ejército, al tiempo que los árabes apresan al capitán de los caballos.

Caballería árabe en Túnez [1535]
Este suceso genera mucho malestar en el campo [4] y considerando que "fue la mayor vergüenza del mundo", "habiendo perdido el ánimo y la reputación", don Hugo castiga a los hombres de armas quitándoles los caballos y entregándoselos a infantes para convertirlos a su vez en hombres de armas, en un ejercicio de degradación militar no muy frecuente en la época [5].

Don Hugo envía un bergantín a Nápoles solicitando al virrey refuerzos, un socorro de 3000 infantes y 200 hombres de armas y 4 galeras, pues considera su ejército pequeño para la empresa que ha de ejecutar.

A pesar de estos reveses puntuales, el 25 de mayo, Said, hijo de Sulimán, jeque de la isla de los Gelves, no aguardando socorro alguno de su señor, el rey de Túnez, procede a capitular ante don Hugo [6], convirtiéndose en tributario del Emperador y Rey de España.

Aquellos versos de la copla que decía "Y los Gelves, mare / malos son de tomare", que recordaba el desastre de la jornada encabezada por García de Toledo, perdieron su sentido.


Las tropas de la jornada de los Gelves

Una vez finalizada la jornada, llegaba la desmovilización de las tropas, a tres lustros del ejército permanente, lo normal venía siendo que los soldados se reclutasen por campañas, y no se mantuviese más que el número suficiente y mínimo con el que afrontar los retos previsibles, normalmente, en Sicilia y Nápoles, el control de la población local, la defensa de fronteras frente a ataques berberiscos o turcos, y la existencia de una fuerza capaz de movilizarse para hacerse cargo de empresas en Italia.

Diego de Vera se embarcó en 24 naves con los hombres de armas y jinetes de las Guardas de Castilla que habían servido en la empresa y los retornó a España desembarcándolos en Cartagena el 2 de julio [7].

Respecto a la infantería, la voluntad del Rey era "de conservar y entretener la dicha infantería hasta en número de 4000 infantes escogidos" dándoles dos pagas para vestirse y "alguna cosa" a los infantes que despidieran. Las pagas serían de 1 ducado al mes y comida, "sin daño de nuestros súbditos y con la menos costa que se pueda", y porque no estuviera ociosa y pudiera ser de provecho, ordenaba que se ocupara atacando algún lugar de Berbería.

A la infantería se la desembarcó en Favignana, y de aquí a 800 se les trasladó en naves a Nápoles donde llegaron "desnudos, perdidos y muertos de hambre" según el virrey Ramon de Cardona en carta de octubre, siendo socorridos con dos ducados cada uno. Algunos se quedaron viviendo en el reino, y otros partieron a buscarse la vida a Roma. La opinión del virrey era que era mejor mantener a las tropas de caballería del Reino - 845 hombres de armas en 14 capitanías - siendo más fácil levar tropas de infantería, y que no debía mantenerse más de 1000 o 1200 soldados - a lo sumo 1500 - en el reino de Nápoles.

El embajador en Roma, don Juan Manuel, proponía en septiembre una forma fácil de tomar Génova: que don Hugo dejara "amotinar a 1000 infantes o que los despida" y otro día vinieran "otros mil a Nápoles sin licencia de d.Ugo" y con estos dos mil, y la gente del bando de los Adorno se tomaría la plaza sin esfuerzo y sin coste para la corona [8].

Se dotaron 30000 ducados para el despido de los infantes, y a una parte - 900 - se les embarcó para España [9]. Otra parte de los soldados se embarcó en dos barcos que compró don Francisco de Urrea para la Armada de socorro a Rodas [10].

En diciembre, el comendador Ycart o Icart debía traer de Sicilia a Nápoles a 1000 infantes, y estos parece que eran los últimos que quedaban en aquel reino del contingente que había rendido los Gelves en mayo.


La infantería despedida marcha sobre Roma, 1521

En Roma el Papa, tras dar dinero a los soldados que allí habían llegado, les rogó se embarcaran en la armada de Pedro Navarro que servía al rey de Francia, a lo que los soldados se negaron, retornando a Nápoles, donde algunos se embarcaban en noviembre para España.

En enero-febrero de 1521, unos 1500 [11] infantes "desocupados" marcharon desde el reino - algunos desde Cosenza - a cruzar el Tronto metiéndose en tierras de la Iglesia, generando las protestas de Su Santidad ante el Emperador y el Virre, y las sospechas de diversos estados italianos de que el Papa hacia reunir secretamente esas tropas para marchar sobre Ferrara.

Recibiendo a un hijo de don Juan Manuel - embajador del Emperador en Roma - indicaron que solo tornarían a Nápoles si recibían una paga, y el Papa se comprometió a entregarles 30 carlines. También se ofrecieron a servir a Su Santidad por un año, recibiendo seis pagas y alojamiento.

Desde la ciudad santa se enviaba a Guido Rangon con tropas hasta Rieti para controlar los desmanes de la infantería, que se juntaban en Civita Ducale [o Cittaducale].

Los soldados disponían de 800 escopetas y 7 falconetes, y a mediados de febrero las tropas de la Iglesia les dieron la batalla, matando a 200 de ellos. A mediados de marzo la mayoría se alojaba en l'Aquila, en los Abruzzos, tras rondar por Capestrano y  el marqués de Pescara debía acudir a Roma en misión diplomática para excusarse ante el Papa por la conducta de la infantería y con la comisión de restituir al Papa el dinero entregado por él a la infantería, pero parece que el dinero lo dio directamente a los soldados con la intención de doblegarlos, recibiéndolo desde Austria por mano del archiduque Fernando. Se debía dar paga a 4000 soldados alojados en los Abruzzos y a 800 más que estaban en Gaeta y Mola [12] con un importe de 12000 ducados o 15000. A eso debía sumarse la paga de la caballería alojada en la Puglia, la cual se barajó que acudiera a reconducir a la infantería.

Tras recibir la paga, a primeros de abril, al menos unos 1500 infantes se avinieron a regresar a Nápoles, recibiendo órdenes del virrey de alojarse en San Germano. En las mismas fechas, a los soldados que se alojaban en Nápoles, el virrey dio órdenes de que se alojaran fuera de la ciudad.

No obstante, a mediados de mayo, volvía Pescara, acompañado esta vez del capitán Salcedo a viajar al Tronto para visitar las tropas que allí se alojaban, con instrucciones del virrey de conducir las tropas, esta vez como ejército al servicio de su rey, a tenor del acuerdo con el Papa de 12 de mayo, y constituida liga contra el francés.

Hay que tener en cuenta el contexto en que se produce esta situación, y es que el Emperador y León X se hallaban en plena negociación de una liga o alianza para luchar contra el rey de Francia, que culminaría con la formación de un ejército Papalino-Imperial a mediados del año 1521 con la llegada de tropas suizas que se sumarían a las españolas de Nápoles. En estos primeros meses del año en que los infantes campeaban en la frontera del Reino con los Estados de la Iglesia, no obstante, todavía existían dudas de si el Papa no se decantaría por Francisco I.

Los soldados españoles, simplemente, se hallaban espoleados por los rumores de que el Papa necesitaría soldados, y acudían a Roma con ánimo de servirle, pero la marcha de unos miles de hombres que no tenían con que pagar alojamiento, ropa y comida, y que además, tenían como profesión el oficio de las armas, generaba graves problemas a su paso. Su actitud era muy distinta a la de los hombres que marcharían contra Roma en 1527 generando el famoso Saco, pero no por ello dejaban de constituir una muchedumbre generadora de disturbios.

En todo caso, este era el sino de los soldados en esta época en que no se habían constituido los Tercios de Italia como unidades permanentes: luchar una campaña, y ser despedidos a su conclusión, cuando ya no se les necesitaba, escamoteándoles las pagas en la medida de lo posible.

Se produjeron en el primer cuarto de siglo varias desmovilizaciones, y siempre fueron problemáticas y dilatadas. Por ejemplo, las tropas de la conquista de Nápoles que concluyera el Gran Capitán a primeros de 1504, todavía estaban retornando a España en el verano de 1506.

Quedarse en Italia sirviendo a otros príncipes y estados al ser despedidos, era un opción, pero acudir presto a militar bajo las banderas de su señor natural cuando este lo requería era lo normal, como sucedió cuando se formó en 1511 el "más noble y mejor" de los ejércitos que luchó en la batalla de Rávena. En todo caso, las guerras se acababan, como la de Urbino en 1517 [13], y los señores a los que se había servido, sobretodo, si no habían tenido éxito en su empresa, no se mostraban más generosos ni más agradecidos por los servicios prestados que la persona de su rey o la de sus lugartenientes, virreyes y capitanes generales bajo cuyo mando luchaban y morían.



Notas

[1] Como medida cautelar, en el puerto de Trapani todos los navíos, galeras y bergantines fueron retenidos, bajo pena de vida, de manera que los comerciantes - muchos de ellos venecianos - que acudían a Berbería a comerciar no dieran noticia de los preparativos de la Armada, que en este tiempo ya se sabía que era destinada para acometer una empresa en África, si bien se continuaba rumoreando no se tratara de un ejército en previsión de algún movimiento de franceses en Italia.

En diciembre, no obstante, se les daría autorización para partir - abonándoles una cantidad a modo de compensación - partiendo los venecianos a mercadear a Túnez e informando a sus socios comerciales de las últimas noticias de la armada española.

[2] Las cifras del alarde son de la correspondencia de Hugo de Moncada publicada en el CODOIN v.24, y por tanto, no dispongo de otras más certeras. No obstante, por relaciones italianas de la época, parece que habría unos 5000 infantes españoles y 2000 sicilianos, distinción que no realiza Moncada. Además, 70 carretas con artillería menuda.

La mayoría eran bisoños, resultando que "la maggior parte de questa compagnia, cussi da pede come da cavalo non haveano veduto guerra", según reconoció el propio Moncada.

Respecto al armamento, sabemos - por carta del 14 de abril - que Moncada había escrito al Virrey de Nápoles que enviase quinientas escopetas y mil quinientas picas "por la necesidad que dellas habia en este ejército por estar la gente muy desarmada", y que el virrey envió finalmente 1000 escopetas y 1500 picas "que han venido á buena sazon por el menester gran que dellas habia".
Como vemos, soldados bisoños a los que se les entregaba su armamento y que por tanto llegarían a los Gelves apenas familiarizados con su uso

[3] Otra relación indica que fueron 7 los capitanes muertos.

[4] Un caballero de Rodas, testigo de los hechos, escribió que "mai al mondo vide la piu cobarda gente che sono questi homeni d'arme". E insistía en que la gente de armas "essere molto codardi e mal destri, e alcuni loro capitani sono a cossi codardi come li subordinati".

El rey, en carta fechada en Bruselas el 24 de mayo, parece disculpar el comportamiento de los soldados, asegurando que "si en algunos de la gente de a caballo ha habido falta o exención, habráse causado de la poca experiencia de guerra que han tenido".

[5] La represalia de don Hugo generó, no obstante, algunas críticas, pues se consideró que podía generar divisiones entre los soldados.

Uno de los capitanes, Francés de Beumont, escribiría más tarde en su memorial - de 5 de septiembre de 1521 - que "fuy a las capitanias de los gelues gastando de mi hazienda y socorriendo con ella lo que ella pudo bastar y passando trauajos y peligros y ynjurias de escuderos". Tal vez las injurias a las que se refería eran burlas, o bien mal comportamiento de sus soldados.

[6] Hugo de Moncada, con título de "Capitán General de nuestro marítimo ejército y conquista de África".

[7] "Historia crítica y documentada de las Comunidades de Castilla", tomo 1º y 2º. Se hallaban en tierra de Sepúlveda en septiembre-octubre de 1520. Buena parte de los hombres de armas - también oficiales - se pasaron a los contrarios.

Tras el desembarco en Cartagena, la población se juramentó contra Diego de Vera y le incautaron la artillería que traía, fomentando también la deserción de muchos soldados.

[8] La estrategia de despedir a soldados, o dejarlos marchar sin licencia para que acabaran sirviendo a un señor italiano, ya se había llevado a cabo en 1517, durante la guerra de Urbino. Nadie podía creer que varios miles de soldados organizados salieran del Reino sin el beneplácito - aunque no fuera una licencia oficial - del virrey.

[9] En Anales de la Corona de Aragón se puede leer que el Cardenal Adriano de Utrcht, gobernador de Castilla: "ordenó que llegasen contra Segovia 4000 infantes y 500 lanzas que volvian de los Gelves y desembarcaron en Cartagena". Parece que es la misma fuente que usa Sandoval, pero el hecho es que quedaron muchos infantes despedidos en Nápoles, y que resulta extraño que estos 4000 infantes retornados - relativamente veteranos - no tuvieran más peso en la historia, si es que realmente fueron 4000 los que volvieron, lo cual creo descartar.

La "Historia crítica y documentada de las Comunidades de Castilla", al recoger correspondencia de la época, es una fuente más detallada que los Anales, pero siempre se refiere a tropas de caballería. Aparecen nombrados varios capitanes que sirvieron en la jornada, como don Luis de la Cueva, Rui Díaz de Rojas, don Francés de Beamonte o de Viamont, Juan de Ayala, don Juan de Velasco, don Diego de Mendoza, Pedro de Ávila. Véase el Apéndice.

También aparecen nombrados algunos soldados y contadores de las compañías. Otras obras sobre las Comunidades de Castilla aportan información complementaria sobre estas tropas que regresaban de los Gelbes o Gelves.

René Quatrefages, en su libro "La revolución militar moderna" indica que el núcleo de la infantería del ejército real lo constituyeron 1000 veteranos que envió el virrey de Navarra y 2000 reclutados por el Condestable de Castilla en zonas del cantábrico. De las tropas venidas de los Gelves solo se refiere a la caballería.

En "Reflexiones militares sobre las comunidades de Castilla", JM Calvo tan solo incide en la caballería que vino de Djerba.

[10] Ver carta de Ramon de Cardona de 24 de diciembre de 1520 folio 6, donde emplea el término "barchas". En mayo de 1520, el Papa León X había solicitado ayuda frente a la armada turca que había de venir sobre la isla. El Pontífice envió al menos tres galeones - con 250 infantes cada uno - y una fusta. Ver "La guerra dei pirati e la marina pontificia dal 1500 al 1560" volumen 1. 
Al final el turco no hizo la Armada contra la isla ese año, pero la acabó tomando en la Navidad de 1522.

A 11 de junio de 1520, venecianos informaban como  en Candía [Creta] "era zonta de lì una barza spagnola con fanti 230 partita di Tripoli". Por la fecha es imposible que transportara infantería de los Gelves, pero la noticia indica que las islas griegas formaban parte de los intereses geopolíticos de la corona.

[11] Si eran 1500, como recogen los informes recogidos por Sanuto, era la totalidad de soldados que habían de quedar en el reino de Nápoles según el virrey Cardona. Otras noticias indicaban que eran 3000 "mal in hordine" alojados en Lanzano. Y otras, de 13 de marzo, que 4000. Noticias más detalladas posteriores sostienen la cifra de 4000. Puede que las primeras no fueran erróneas, simplemente, la soldadesca se iría acumulando y juntándose en el Tronto.

[12] Se puede asumir que los 800 que quedaban en Gaeta y otras plazas de Mola no se habían amotinado, pero corrían el riesgo de hacerlo si no recibían la paga que habían conseguido los soldados desmandados. Noticia del 24 de marzo. Otras noticias indican que eran 300 los soldados en Gaeta bajo 5 banderas, y otras que 400 en 4 banderas.

En Gaeta se procedía en este tiempo a bastionar la ciudad, derruyendo para ello algunas casas - hasta 40 - para dar lugar a la construcción de la nueva fábrica. Los infantes se alojaban en este tiempo en las casas de los vecinos, lo cual daba lugar a roces y conflictos.

[13] Tras la guerra de Urbino, alguien tan práctico como el virrey de Nápoles, Ramon de Cardona, se hacía cruces de como era posible que regresaran al Reino más soldados de los "que habían servido en mi tiempo en Lombardía". Se respondía a sí mismo, diciendo que "no pueden ser sino mozos de caballos de Roma y otros italianos españolados que se han juntado con ellos".

Él, en su tiempo, echó a "rapaces, personas que no eran para servir en el exercito y los italianos", y así debería hacerse de nuevo para excusar el gasto de entretenerlos.


Apéndice. Sumario de la Armada Cesárea a 17 de marzo de 1520

La calidad de la Armada Cesárea cuando se partió de España, y de la que se encuentra al presente.

70 naves partieron del puerto de Cartagena el 9 de septiembre de 1519. Llegaron a primeros de octubre en el puerto de Trapano 63 naves. De 13 galeras, 4 quedaron en la isla de Mallorca, una naufragó, 2 tomaron los turcos en Cerdeña, con lo que quedan 6.

La gente de caballo que montó en dicha armada, entre hombres de armas y caballos ligeros, son 1038 y a pie cerca de 30, los cuales al presente se habrán puesto a caballo

Las compañías de hombres de armas

Diego de Mendoza - 60 lanzas
Pedro López de Padilla - 50
Diego de Roca/Rocaseca - 100 lanzas
Don Juan de Ribera - 100
Don Luis de Velasco - 100
Don Juan Velasco - 50
Pedro Zapata - 50
Adelantado de Galicia - 50
don Francés de Beamonte - 60
don Diego Hurtado de Mendoza - 50

Suma - 670 lanzas

En el mes de enero de 1520 fue hecha la muestra en mi presencia, y se hallaron hombres de armas 562, y fue a día 15, y a la segunda muestra, que fue a día 22 del mes dicho, fueron hombres de armas 612, entre los cuales eran con caballos bardados 332.

Caballos ligeros

Pedro Osorio - 60 caballos
Don Alonso de Silva - 60 caballos
Comendador Ribera - 60
Conde don Fernando de Andrade - 40 [1]
Marqués de los Vélez, ballesteros y escopeteros - 60
Don Fernando de Bobadilla, entre jinetes, estradiotes, ballesteros y escopeteros - 60
Condestable de Navarra - 50
Don Federico de Ugua - 60

Caballos ligeros son de conducta 450, pero en la primera muestra fueron caballos 343, en la segunda 416. En estos, son escopeteros 60, ballesteros 150, el resto jinetes y estradiotes.

La infantería

Los infantes que se embarcaron en España se dice que eran 9000. Al presente han hecho la muestra de 7870, de los cuales, entre aquellos que han defraudado los capitanes y familia de hombres de armas que son pasados, y de otros, restan al verdad al número de 6000, y entre dicha infantería son escopeteros 800. De Nápoles se partió el capitán Marallón con infantes 300, iba por sargento mayor de toda la infantería.

Para el gobierno de las naves hay 3000 hombres, de los cuales se podrán meter en tierra 2000.

[Datos sobre material que hay en las naves que no transcribo]

La artillería que he visto en tierra sacada de las naves montada sobre los carros:

Cañones gruesos - 6
Medias culebrinas - 3
Sacres - 7
Culebrinas - 4
Arcabuces sobre los caballos, más de 30 [3]

Don Hugo se hace provisión de caballos para dicha artillería , y manda hacer muchos herrajes para tirar en tierra.

Capitán General de dicha Armada - Don Hugo de Moncada
Lugarteniente - Diego de Vera
Capitán de la artillería, consejero real, sin el cual nada se puede hacer - Gonzalo Marino [2]
Almirante de dicha Armada, capitán Portuondo, vizcaíno
Capitán de las galeras, don Luis de Requena
Capitán de la infantería, monseñor Delbo, flamenco, con gentileshombres 27, y con sus 300 infantes, que al presente son 200
Cerca de la persona de don Hugo, hay cerca de 50 gentileshombres aventureros

En el puerto de Trapano hay naves 55, el resto están en Sicilia para aprovisionamiento de la dicha armada.


Notas

[1] El conde Fernando de Andrade se hallaba en este tiempo preparando la armada para escoltar al Emperador en su viaje a Flandes, para su coronación en Aquisgrán.

[2] Gonzalo Mariño de Ribera. Según Enríquez de Guzmán "un caballero de Sevilla llamado Gonzalo  Marino, capitán y alcaide de Melilla por el Duque de Medina-Sidonia, el cual iba allí por acompañado del Capitán general".

[3] Arcabuces aquí relacionados como piezas de artillería, transportados sobre caballos. Véase Uso de la voz arcabuz para armas de artillería y armas "portátiles" [1500-1530]




Comentarios al Sumario de la Armada

Si se compara esta relación con lo expresado en la nota 9 del artículo, verá que solo coinciden dos nombres de las capitanías: el de Francés de Beamonte, y el de Juan de Velasco. Habiendo 10 capitanías de hombres de armas en la armada y otras 8 de jinetes, y siendo 8 - al menos - los capitanes nombrados en las relaciones sobre la guerra de las comunidades, resulta extraño tanta disparidad.

Hay una posible explicación que explique, en parte esta diferencia. Aparecen en el sumario mencionados varios capitanes por sus títulos, así, la compañía del conde don Fernando de Andrade, con 40 jinetes, podía estar en abril en Sicilia, pero su titular, el señor conde, se hallaba en Galicia, pues había de dirigir la Armada que el 20 de mayo partió de la Coruña para escoltar al Emperador a su viaje a Flandes, con escala en Inglaterra.

Esto era relativamente común, que un señor fuera titular de una compañía, pero que luego se hallara en su gobierno efectivo su teniente.

Respecto a la infantería, se indica que había 800 escopeteros, recordemos, no obstante que el virrey Cardona envió 1000 escopetas - habiendo don Hugo demandado 500, según carta del 14 de abril - con lo cual, habría más escopeteros en el ejército que desembarcó en África que los que constan en el sumario.

Respecto a las cifras totales, siendo el documento transcrito muy interesante por lo detallado del mismo, hay que quedarse - aunque no varíe demasiado - con la carta de Hugo de Moncada de 14 de abril, publicada en el CoDoIn, 24, p 274:

"es embarcada toda la gente deste ejército, así de caballo como de pie: y el número della son 560 hombres darmas y 320 caballos ligeros y fasta 6400 infantes, y mas los gentiles hombres de la Casa de V.A y otros que son venidos a emplearse en este servicio".


Alonso Enríquez de Guzmán

El lector interesado, tanto por placer de la lectura, como por complementar lo aquí expuesto, puede leer los siete primeros capítulos de la Vida de don Alonso Enríquez de Guzmán, escrita por él mismo, donde el infante que participó en la jornada de los Gelves, relata desde su embarque en Barcelona,  en el verano de 1519, pasando por "delante del Rey y de su Corte y de algunos de mi tierra en ordenanza con los otros soldados con la pica en el hombro" hasta su llegada a Alemania donde se coronaba el Emperador en octubre de 1520, incluyendo los sinsabores en Nápoles del soldado pobre, y su estancia en Roma como hidalgo cultivador de buenas y provechosas amistades.

Por este relato, tenemos noticia del capitán Villaturiel, en cuya capitanía asentó Enríquez, que creo ha de ser el mismo Francisco Villaturiel que se hallaba en Italia cinco años después, y es que, más que la jornada en sí - que tiene interés - con este artículo pretendía obtener información sobre el origen del ejército de la guerra italiana de 1521-1526.
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