Asedio, socorro y batalla de Pavía [Octubre 1524- 24 de Febrero de 1525]

Quien quiera que supiera del campo del Emperador, el cual se perdió entre las montañas de la ribera de Génova, pocas días ha, véngalo manifestando, y dalle han buen hallazgo.
Y donde no, sepan que se lo pedirán, por hurto y se sacarán cédulas de excomunión sobre ello.
Pasquín publicado en Roma, tras la retirada del ejército imperial de la Provenza y levantamiento del fallido asedio a Marsella. h.Octubre de 1524.

l.os que por perdido tenian al campo Imperial, sepan que ya es parecido. 
El cual pareció en camisa un dia en amaneciendo muy helado; Y con ir
de esta manera se llevaba en las uñas doscientos hombres de armas y otros tantos infantes.
Que harán cuando ya vestidos y armados salieren al campo?
Pasquín publicado en Roma, tras la toma de Melzo, en respuesta al anterior. Febrero de 1525


Como veremos, el campo Imperial amaneció igualmente en camisa un día de San Matías, e hizo tanto, que quedó no solo descargado de las burlas previas, sino que su trabajo quedó inscrito en las páginas de la historia con orgullosas letras de oro.

Levantamiento del socorro de Marsella y retirada de Milán

Tras la batalla de Sesia [29-30 de abril de 1524] en la que el ejército francés fue acorralado en el río, y consecuentemente expulsado de Italia, el ejército imperial había penetrado en la Provenza. Allí, mientras ponían sitio a Marsella con suerte desigual - 3 de los 7 cañones quedaron inutilizados - el rey rehacía su ejército en Lyon, y poniendo su persona a la cabeza del mismo, iniciaba su marcha al sur.

Aunque el duque de Borbón - jefe del ejército cesáreo - deseaba enfrentarse a su anterior señor, los capitanes, y el de más peso Fernando de Ávalos, marqués de Pescara, le recomendaron [27 de septiembre de 1524] que una vez asegurados los pasos de Niza y Génova, regresaran a Lombardía.

Sin haber conseguido tomar Marsella, marchar contra el rey, como pretendía Borbón, hubiera supuesto dejar a sus espaldas una guarnición que podría salir y dar en su retaguardia y al mismo tiempo, avanzar por tan "mala tierra" como era Provenza, donde los naturales les estorbarían fácilmente el aprovisionamiento de víveres, para acabar enfrentándose a un ejército superior en número y mejor avituallado.

Y además, aunque no tuvieran presente tales deventajas, no tenían ni un "quatrino" con que pagar las tropas.

De ahí la huida frente al francés, retirada que fue rápida y eficiente, por mucho que inspirara alguna chanza en tierras romanas.

Los capitanes Juan y Pedro de Mercado, junto con el capitán Villaturiel fueron enviados a Toulon a embarcar el artillería gruesa en las seis galeras y el galeón a cargo de don Hugo de Moncada, navegando a Niza.

La víspera de San Miguel, 28 de septiembre, se levantó el campo sobre Marsella, saliendo Renzo da Ceri con su guarnición para dar en la cola del ejército imperial comandado sobre el papel por el duque de Borbón, pero liderado en el día a día por el Marqués de Pescara.

La retaguardia, compuesta por lansquenetes, padecen la escaramuza, y pierden una pieza de artillería. Pescara, a cargo de arcabuceros españoles vuelve y da sobre los enemigos, recuperando la pieza tomada. Desde ese día, camina el escuadrón de españoles en retaguardia - el puesto de mayor peligro - junto a la mitad de la arcabucería española, y la otra mitad en vanguardia con los caballos ligeros. Renzo da Ceri realiza una nueva intentona, pero una emboscada de arcabuceros españoles dispuesta por Pescara consigue que se torne "no buscando más escaramuzas".

Infantes españoles en Túnez [1535]. Detalle tapiz nº8. Batalla en los pozos de Túnez [Vermeyen]


En Frejús se reúne el ejército con los hermanos Mercado y Francisco Villaturiel, los cuales son de nuevo enviados en avanzadilla para ir haciendo vituallas "donde las hallasen" e ir tomando lengua y asegurando los pasos.

En Niza, tras haber cruzado el Var con estorbo de la artillería de las galeras francesas, embarcan el resto de la artillería en la armada de Moncada, que marcha a Génova. Llevan consigo incluso piezas a las que quebradas las ruedas, el marqués manda hacer pedazos, siendo los trozos de bronce, ruedas y cajas, llevados en acémilas "por no dar gloria a los franceses" de haberles tomado ninguna pieza de artillería.

En la "Roca de Mentone" - entre Roquebrune-cap-Martin y Menton - la armada francesa desembarca para impedirles el paso, pero los españoles toman antes el puente y obligan a los desembarcados a retirarse.

Sin casi descanso, pero sin enfrentamiento con el enemigo, Pescara llega a los llanos piamonteses a mediados de octubre, donde se reúne con el virrey de Nápoles, el borgoñón Charles de Lannoy, que cuenta con 570 lanzas y 1.500 infantes italianos del ejército imperial en Italia, así como 1000 infantes y 250 lanzas del aliado duque de Milán.

Acuerdan que Pescara acuda a sostener Milán, plaza en la que entra el 22 de octubre a medianoche, donde halla a Hernando de Alarcón con unos pocos caballos ligeros de los que habían quedado en Lombardía.

Marcha del ejército real a Italia

Francisco I había dividido su ejército: al mariscal de Montmorency con la "gendarmerye" manda por el camino de Tande y él con la infantería partida en tres jornadas - lansquenetes una jornada por delante, seguidos por el rey con los franceses y los gentileshombres de su casa, y una jornada detrás los suizos - marcha por las montañas de Saboya, llegando a Turín el 17 de octubre donde es recibido por el duque.

Desde Turín el rey de Francia envía de avanzada infantería y caballería a tomar Milán, tomando al duque de Milán - defensor de sus estados ante el francés y aliado circunstancial del Emperador - 14 piezas de artillería que se trasladaban de Novara a la capital de su estado.

El ejército del rey de Francia cuenta con 2.000 lanzas, más de 4.000 caballos ligeros y 22.000 infantes. Ante este aparato de guerra, poco puede hacer Pescara, que desaloja Milán cuando la vanguardia francesa se hallaba ya en las puertas y el grueso del ejército con el rey tiene su campo a tres millas.

Con 150 caballos ligeros en vanguardia, Pescara toma el camino de Lodi para ir descubriendo emboscadas, y como en la retirada de Marsella, pone la infantería española con la mayor parte de la escopetería y arcabucería en retaguardia. Y ejecuta sabiamente, pues parte del ejército francés va en su seguimiento a cargo del señor de Lescut. Pescara, con los capitanes Quesada y Ripalda queda con 500 arcabuceros emboscados, permite que pase la vanguardia de la caballería francesa y rompe en medio de ellos, matando a 200 hombres, consiguiendo la retirada de los perseguidores,  entrando con seguridad el domingo 23 de octubre a prima noche en Lodi.

Al día siguiente, el virrey de Nápoles va a poner su campo en Casalpusterlengo, dejando Lodi guarnicionada con infantería a la ligera. En Sorrexina y el Cremonés repartirá los alojamientos de su gente, y el duque de Borbón marchará a Alemania, para pedir ayuda en forma de lansquenetes al hermano del Emperador, el infante don Fernando.


Asedio de Pavía

Quedaba al otro lado del Adda un escollo para el dominio francés de Lombardia. Pavía estaba a cargo de Antonio de Leiva con 6.000 lansquenetes del conde Eitel Friedrich von Zollern [el Festterfriz de la crónica de Cereceda], más de 1.000 infantes españoles conducidos por Aldana - la mayoría arcabuceros y escopeteros -  a cargo de los capitanes Aponte, Pedro de Bracamonte y Poval de Torralba, y 250 lanzas, con el capitán de hombres de armas García de Manrique.


Pavía en tiempo del asedio y de la batalla.

Pavía, con el Ticino [o Tesino] guardando las espaldas y el Barcho de Pavía en frente. 
El ejército del rey de Francia cuenta con 2.400 lanzas [1.690 francesas, 510 italianas y 200 gentileshombres de la guardia del Rey]. 5.750 caballos ligeros [650 italianos, 700 albaneses, y el resto francos arqueros franceses], 25.510 infantes [6.950 italianos, 9.000 suizos, 6.000 lansquenetes y cerca de 4.000 franceses], así como 4.000 aventureros franceses, soldados que acudían a servir a su rey sin sueldo, movidos por la esperanza de botín, o en busca de mercedes regias.

El 25 de octubre, dejando en Milán 500 caballos y 2.000 infantes para asediar el castillo, que con 300 infantes se tiene por el duque de Milán [1], defensor de sus estados y aliado del Emperador, el rey marcha a tomar Pavía, mal fortificada y guarnicionada por unos lansquenetes que no son "persone disposte a lavorar per la defensione di una terra" pero que harán su servicio siendo pagados.

Ante la llegada de los franceses. Leiva no va a permanecer pasivo: ordena varias salidas, en el burgo San Giacomo dan muerte a 50 enemigos, y el viernes 28 de octubre realiza otra salida que obliga a 3.000 infantes italianos y franceses a retirarse hasta que son socorridos por 3.000 lansquenetes [2] a servicio de Francisco I.

No obstante estas audaces escaramuzas, no hay estorbo efectivo para que se plante la batería y comiencen a batirse los muros de la ciudad por tres partes, con 24 cañones. La artillería de la plaza responde a la del enemigo.

El conde Zollern hace varias salidas de la villa liderando sus lansquenetes, dando sobre la infantería italiana de los sitiadores, que son socorridos por los lansquenetes al servicio del rey de Francia.

Los franceses hacen baterías y asientan sus tropas en cuarteles [3]: a la parte del castillo con italianos y franceses a cargo de Federico da Bozolo, a la parte del bastión con los alemanes, y a la parte del Ticino a cargo del marqués de Saluzzo con los suizos y el resto de la infantería francesa.

El jueves 3 de noviembre comienza a actuar los cañones de la batería de la parte del castillo. Los franceses acometen un asalto, picardos, bretones y suizos son rechazados con pérdida de 100 compañeros, entre ellos tres capitanes y el jovencísmo Claude d'Orleans, duque de Longueville [17 años] muerto de una anónima arcabuzada, presagio de lo que ha de padecer lo más granado de la nobleza francesa.

El día 8 de noviembre los franceses dan un nuevo asalto y toman la "Rocheta di Pavía" [4] con muerte de todos los españoles que la custodian. Asimismo, los franceses consiguen tomar el puente del lado del Ticino.

Mientras, Pescara no se mantiene quieto, y con 2000 infantes españoles ayudados por caballería [100 hombres de armas y 200 caballos ligeros], cruza el Adda y consigue tomar Melzo, asaltando con facilidad, sin necesidad de escalas, la ciudad de muros bajos defendida por Jerónimo Trivulzio a cargo de 60 hombres de armas y Juan Fermo Trivulzio con otros 70 y 300 caballos ligeros.

En Pavía, los franceses dan un nuevo asalto, esta vez a dos bandas con hombres de armas franceses "in bianco"[5], entre los que se cuenta el Rey con una maza en la mano - hallándose su persona en el asalto dado por la banda de Borgo Ratto - y 10 banderas de infantería - de arqueros franceses, italianos y suizos - llegan a los muros de tierra de dos y tres brazas de espesor,  arruinados por la larga batería mantenida contra ellos, con balas de 50-60 libras, explanado el foso y el reparo y abierta una brecha por la que pueden penetrar un frente de cincuenta hombres.
Consiguen cruzar el muro y llegan al primer bastión.  Tras el bastión, los asaltantes hallan un foso lleno de agua - o "contrafoso" y un segundo bastión, no pudiendo pasar. Efectivamente, los defensores habían ejecutado una segunda línea de defensa interior, una "tagliata de dentro". Amén de este obstáculo, usan fuegos de artificio para rechazar a los atacantes.
El asalto no tiene el éxito deseado, muriendo muchos soldados italianos y gentileshombres franceses, la mayoría muertos de escopeta.

Llegan nuevas de Alemania: 8.000-10.000 lanquenetes [6] se reúnen en el Tirol para marchar a Italia en socorro de Pavía atravesando Valcamonica. Cuando se hallen en Trento se les dará media paga,

Los franceses pretenden ahora desaguar el Ticino - defensa natural de Pavía - en el Gravalon, para lo cual ponen a trabajar a 2000 gastadores en la construcción de un canal para su desvío. Asimismo, construyen dos caballeros desde los cuales batir el interior de la villa.

Un caballero ilustrado en el "Tratado de artillería y uso della" de Diego de Ufano [1612]. En la ilustración las piezas posteriores baterían a caballero, esto es, desde lo alto, para pasar por encima de las defensas de la plaza y causar daño en el interior y las piezas frontales baterían contra los muros de la plaza.

El rey quiere abrir un nuevo frente de guerra: ordena al duque de Albania - John Stuart o Stewart, noble escocés, titulado duque de Albany - que marche a tomar el reino de Nápoles con 500 hombres de armas y 6000 infantes, para divertir al enemigo o para hacerse completo señor de Italia. Mientras, en Milán, continúan los trabajos para rendir el castillo al rey de Francia.

El Ticino está más bajo que el Gravalón, con lo que la labor de desagüe no cunde. Los franceses comienzan a minar para derruir las murallas, y amén de los refuerzos que aguardan de suizos y grisones, Giovanni de Medici - Juan de las Bandas Negras - entra al servicio de Francisco, con 50 hombres de armas, 200 caballos ligeros y 2000 infantes.

Hacia el 19 de noviembre, la lluvia paraliza los trabajos de trincheras, minado y construcción de los caballeros, y la falta de pólvora y municiones paraliza el batir de los cañones franceses. El 23 el Ticino se desborda, ahogándose infantes y gastadores.

En Pavía la disciplina aumenta: a los alemanes que hallan durmiendo durante la guardia o se les quita su bagaje, o se les ahorca. 400 desertan y abandonan la plaza cercada; los que quedan no tienen descanso, comen y duermen en los muros. No les falta pan, vino ni queso y la carne de los caballos que mueren por falta de alimento se sala para conservarla. Leiva manda tomar la plata de las iglesias para labrar moneda con que pagar a los descontentos soldados, que ven como 1 pan de 9 onzas cuesta 1 sueldo, y antes los hombres podían comer dos panes diarios.

A finales de noviembre, las labores de zapa permiten que los franceses se hallen a tiro de ballesta de los muros de la ciudad. Mediante trincheras con "strade coperte", a resguardo de los tiros de los defensores, pretenden llegar a pie de muro y arruinarlos socavando sus cimientos. Los defensores hacen una salida por tal de averiguar donde se hacían las minas para proceder luego a contraminar.

El 1 de diciembre, los franceses toman un bastión sobre la muralla hacia el Ticino. El 4 han conseguido arruinar Porta Palacese mediante zapa, los imperiales se retiran a un bastión interior "con flancos gallardos". Por parte de los defensores se consigue contraminar una de las minas de los sitiadores, muriendo 15 franceses que se hallaban dentro, y una fortuita entrada de agua en otra mina ahoga a los gastadores que trabajaban dentro. La labor de los defensores, y los elementos se aúnan para entorpecer el trabajo de los atacantes.

La doble línea de defensa - con reparos hechos de botas y tinajas y bastiones de cestones o gabiones - hace que los franceses resulten más determinados a rendir Pavía que a tomarla por asalto como pretendían hace unas semanas. Aún así prosiguen las baterías para derruir las murallas.

Fábrica de cestones, según "Plática manual de artillería" de Luis Collado [1592]

Una compañía de alemanes y otra de españoles ejecuta una salida, matando a entre 100 y 200 defensores, tomándoles una bandera y clavándoles varias piezas de artillería.

Pescara ejecuta una nueva salida de Lodi y toma Melegnano guardada por 200 estradiotes [7], tornando con caballos y bagajes apresados a la ciudad.

A mediados de diciembre, Medici parte con 500 caballos ligeros y 2000 infantes a recoger 50 carros con barriles de pólvora que el duque de Ferrara entrega para alimentar la artillería francesa. Alarcón, con los 6.000 lansquenetes recién llegados de Alemania - un 10% escopeteros -  a los que se les ha dado su paga en Gera d'Adda, 3000 italianos, 1000 españoles, caballería ligera, hombres de armas y cuatro sacres, parte de Lodi y cruza el Po para interceptarle. Los parmesanos, persuadidos por la cercanía de los imperiales, niegan la entrada al tren de munición, pero Medici consigue hacerse con el suministro de pólvora y cargándola en mulas - 126 mulas a 4 barriles por bestia - escoltarla por un camino de montaña con su gente y 14 banderas de suizos. La noticia del envío de 2000 lanzas francesas hacen que Alarcón ordene retornar y no arriesgarse a una persecución que puede convertirse en encerrona.

Otros 4000 lansquenetes parten de Augsburgo para engrosar el ejército imperial en Lombardía.

El 24 de diciembre comienza a llegar al campo francés la tan preciada pólvora, que les permitirá batir los muros y el interior de la plaza desde el caballero. Los atacantes se dedican a tajar los muros, los defensores a fortificarse; los franceses usan el cañón, los imperiales la escopeta y el arcabuz, "que de otra manera no se puede", si bien las trincheras son la salvación del enemigo.

A primeros de enero, el Ticino está prácticamente trasvasado al Gravalon, de manera que el río puede cruzarse a pie. El 10-11 de enero llega el duque de Borbón a Lodi con 2000 lansquenetes más, y 4000 en su seguimiento. A mediados de mes, los imperiales deciden movilizarse, y acudir al socorro de la ciudad sitiada.

Socorro de Pavía 

"spagnoli come desperati [...] come cani rabiati sono unitamente andati [...] per fare la giornata con francesi"

El 18 de enero el marqués de Pescara acude a la Soresina a movilizar la gente de armas alojada en aquella comarca, que el señor Alarcón no ha sido capaz de persuadir. La mayoría de ellos ha jurado sobre la hostia sagrada no prestar servicio hasta que reciban buena parte de las pagas que se les adeudan. Finalmente, se avienen al recibir 10 ducados por cabeza y la promesa del pronto pago de otros tantos.

Mientras tanto, la infantería española lleva sin cobrar 8 meses.

El día 23 sale de Lodi el grueso del ejército imperial allí alojado - la infantería, principalmente - con 18 piezas de artillería, grandes y pequeñas, cañones y falconetes, junto con barcas en carros para hacer puentes, aunque el terreno impracticable hace que 7 piezas junto con los carros de munición queden empantanados no lejos de la villa.

Los hombres de armas pasan a Cassano y Rivolta Secha donde tenderán puente de barcas para el cruce del río Adda.

Puente de barcas en el "Tratado de artillería y uso della" de Diego de Ufano [1612]
Desde Lodi se avitualla este campo en movimiento, cuya vanguardia conduce Pescara a cargo de los lansquenetes viejos, la batalla a cargo del virrey con la infantería española, y la retarguardia a cargo de Borbón con los lansquenetes nuevos. 10-12000 lansquenetes, 4-5000 españoles y 3000 italianos [8].

Mil infantes españoles han de tomar por asalto la villa de Sant Angelo [o Santo Agnolo] - siendo Pescara el segundo en entrar - ocupada por 400 infantes "arcabuceros y escopeteros" con 350 de caballería ligera a cargo de Pirro Gonzaga, para que no se les corte el camino de las vituallas. Se ha de plantar la artillería para tomar el castillo y se comienza a hacerle batería, rindiéndose los defensores el 29 de enero tras apenas diez disparos. También se ha de tomar Santo Columbano.

El viernes 3 de febrero el campo francés se halla puesto en armas por la proximidad de los imperiales, que consiguen entrar en el Barco, si bien no son capaces de mantener dicha posición. El ejército imperial se aloja en Prado, Fossarmato y Cascina Torrebianca, en tiendas o al raso en mitad de la campaña, con carestía de vituallas y con los caballos y mulas al raso, a pesar de la nieve. Son recibidos con señales de fuego nocturna por los defensores de Pavía, y ellos saludan con 5 tiros de artillería.

De noche pueden oir los gritos de los centinelas.

Desde el primer momento, las escaramuzas de escopetería y arcabucería son constantes. El día 8 los españoles toman un bastión francés, pero solo son capaces de mantenerlo por espacio de dos horas.

La artillería francesa hace un enorme daño en el campo imperial, y al mimo tiempo sus tropas realizan arriesgadas salidas dejando la protección de sus gruesos reparos y profundos fosos. Los imperiales se dan prisa en construir reparos tras los que protegerse, especialmente para resguardar las municiones y los preciados caballos.

Mientras tanto, don Hugo de Moncada, a cargo de una flota conjunta genovesa imperial, había sido derrotado, y apresada su persona. En el mar, el triunfo para los imperiales era esquivo.

El 9 de febrero, se consigue introducir en Pavía 46 caballos ligeros con barriles de pólvora de socorro, fingiendo los soldados ser franceses "cum le croce bianche, et parlavano francese" [9]. Los franceses movilizan a las tropas que tienen en Milán, para que acudan al campo de Pavía bajo pena de horca. Mientras, se halla en Roma el duque de Albania, que prosigue su marcha hacia Nápoles.

El 10 de febrero los lansquenetes al servicio del Emperador acuden al alojamiento de Morone a protestar por la falta de pagas; reciben medio ducado que sirven para aplacar los ánimos momentáneamente.

Para el 11 los imperiales tienen construido un reparo fuerte que les protege - aunque sea parcialmente - de los efectos de la artillería francesa, y tras el cual construyen un caballero desde el cual batir el campo francés. También inician trincheras con las que aproximarse a las defensas francesas, a pesar del fango dejado por las lluvias. Asimismo construyen refugios bajo tierra para protegerse de la artillería, para guardarse personas y caballos.

El Rey de Francia ordena que sus soldados no inicien más escaramuzas, porque muchos son los heridos y muertos "dalla infinita de schioppi". Las armas de fuego portátiles españolas hacen mella en las fuerzas francesas, y estos, confiados en su superioridad numérica, se dedican a aguardar. Creen que o bien se producirá el enfrentamiento en campo abierto del que saldrán victoriosos por su mejor caballería, su superior artillería, y su mayor número total, o bien el campo imperial se deshará. Todo es cuestión de tiempo. Porque efectivamente, muchos lansquenetes del campo imperial - se calcula que unos mil - "se han ido con Dios", han escogido regresar a Alemania antes que seguir arriesgando la vida sin recibir sus pagas, y al mismo tiempo, los franceses aguardan un importante refresco de tropas suizas que ha de llegar a finales de febrero o primeros de marzo.

La "gendarmerie" era el orgullo de Francia. Aquí una representación pictórica durante la toma de Génova en 1507.
En todo caso, faltándole el ánimo a franceses para combatir, o reservándose para la gran batalla, los imperiales mantienen la iniciativa y son constantes las escaramuzas, de mayor o menor importancia, para desgastar al enemigo y no dejarle tranquilo, aún pagando el precio del propio deterioro, pues en cada salida, en cada escaramuza, se producen bajas. Así, el 18 de febrero, mueren 400 soldados imperiales en un ataque, al tiempo que dos compañías de caballos ligeros desobedecen al virrey y se niegan a cabalgar sin recibir sus pagas.
Los defensores de Pavía contribuyen decididamente a erosionar a sus sitiadores, y una salida de 1000 infantes y 200 caballos da el resultado de 200 enemigos muertos y 4 banderas capturadas de las tropas del joven Medici. Los de Medici, el 16, teniendo noticia de que gente de armas del campo imperial tenían previsto salir a forrajear, los emboscan, matando a muchos hombres de armas, la mayoría borgoñones enviados por el infante don Fernando junto a los lansquenetes, y a cerca de 100 sacomanos o forrajeadores.

En campo francés, los soldados grisones [unos 5000] que finalizan su compromiso de servicio de tres meses regresan a sus hogares. Parece no ser un grave problema, pues serán sustituidos por la llegada de sus vecinos suizos y además, el juicio general es que no son tropas fiables.

Joanino - o Giovanni - de Medici es herido de un arcabuzazo en un muslo cerca de la ingle durante una escaramuza. La herida le evitará participar en la batalla que ha de tener lugar en breve.

La noche del 19 Alfonso de Ávalos, marqués del Gasto, dirige una encamisada [10] contra un bastión francés, tira tres piezas de artillería al foso, y mata a 300 italianos que estaban a su guardia.

Detalle de la "Batalla de Pavía" de Ruprecht Heller [1529]. Los arcabuceros aquí representados visten camisas blancas sobre su vestimenta. 
El 20 de febrero se proclama un bando en el campo imperial: que todos los forajidos [11] del ducado de Milán, y todos los alemanes y españoles [12] que sirven al rey de Francia vengan a servir a Su Majestad Cesárea, que se les perdonará y se les dará sueldo. A la infantería se le promete darle sueldo el día 25 de febrero. Las letras de cambio por valor de 100.000 ducados remitidas por el Emperador están en manos de los mercaderes genoveses que pronto las convertirán en moneda sonante.

El 22 de febrero, Pescara lidera una nueva encamisada a la una y media de la noche con 2000 infantes españoles en tres columnas, matando a 500 enemigos, tomando 1000 prisioneros y 9 piezas de artillería, y capturando al lugarteniente de la artillería francesa, Sieur de Susanne, sobrino del Senescal d'Armagnac. Esa encamisada es tan arriscada que se llega a entrar en un "grand pavilion" [13]donde matan a 50 o 60 hombres. Ese día se hace llamada general para que los soldados se avituallen por tres días y nadie se aparte de su bandera.

En Roma el duque de Albania prosigue los preparativos junto a Coloneses y Ursinos, que reclutan tropas, para marchar sobre Nápoles

La batalla de Pavía - viernes 24 de febrero de 1525, día de San Matías

El Consejo había intercambiado sus pareceres, muy diversos entre sí: retirarse a Cremona, y aguardar socorro del Emperador, entrar en Milán o marchar a Nápoles, para socorrerlo frente al duque de Albania - tal y como pronosticaban los franceses había de ser la respuesta frente a ese movimiento - pero es Pescara quien convence a los demás capitanes para llevar a cabo el ataque.

Los condicionantes principales que presionaban para determinar a tomar la acción eran la llegada de refuerzos suizos al servicio de Francisco I, la marcha de Albany sobre Nápoles y la falta de dinero con que pagar a las tropas imperiales.

El consejo que había recibido el rey de Francia era que no debía ni ofrecer ni aceptar batalla, sino mantenerse en su posición, porque el deseo de dinero deshará el campo imperial. Una actitud pasiva que no conducirá a su majestad al éxito.

La noche del 23 de febrero, vigilia de San Matías, Pescara da orden a todos los capitanes para que los soldados estén apercibidos y encamisados - con la camisa blanca sobre las armas para reconocerse en la oscuridad de la noche y distinguirse del enemigo, o con sábanas o tiendas con tal de "que blanqueen por ser conocidos". A las nueve tocan los tambores con "palotillos" para reunir a la gente sin organizar demasiado ruido. Se da orden de quemar chozas y tiendas para que los franceses creyeran que están abandonando el campo, en el que quedarán las compañías de Luis de Viacampo, Juan de Herrera y Gayoso a su guardia mientras no se entre en el Barco, entre los muros del cual, gran parque de caza que los duques de Milán tenían alrededor de la ciudad de Pavía, se halla encerrado el enemigo.

A Viacampo, Herrera y Gayoso se les encomienda que durante la noche hagan ruido con tambores y armas, y con acometidas entretengan por diversas partas al enemigo. Al capitán Onofrío del Monte, se le encarga que en un baluarte entretenga a los alemanes de las Bandas Negras que se hallan a su guardia, y que moviéndose durante la noche, le de la sensación a los centinelas enemigos que las compañías del campo imperial se ponían en orden.

El bagaje de todo el ejército imperial, es enviado por el camino de Lodi con una guardia de caballos ligeros.

El marqués de Pescara envía al capitán de caballos Arrio para que de aviso a Leiva para que salga de la ciudad con su guarnición a la señal de dos tiros de artillería gruesa. Arrio con cruces blancas se hace pasar por soldado de Medici para allegarse a las murallas. Desde Pavía, se hacen fuegos sobre una torre para avisar al campo imperial que ha llegado el mensaje.

Con el uso de unos "vaivenes" [especie de arietes en suspensión]  ayudados por picos, la compañía de piqueros de Salcedo y la de Santa Cruz, capitán viejo de arcabuceros,  inician la rotura del muro de ladrillo cocido y cal de la altura de una pica, que rodea el parque de caza por tres lugares [otras fuentes indican que se penetró por dos pasos abiertos en el muro].

Ariete en vaivén, o simplemente vaivén, empleado en la demolición de una puerta. De una ilustración de una edición de 1553 del clásico romano De Re Militaris de Vegecio. 

La operación comienza a medianoche y se prevé dure una hora, pero no es hasta una hora antes del alba cuando ha concluido; los soldados pasan la noche confesándose y ordenando testamentos.  Los tramos rotos son de unas 100 brazas [fuente italiana] o sesenta pasos [fuente española], suficiente para que pueda entrar tropas en formación de infantería y caballería, y pueda penetrar la artillería ligera.

Una hora antes del alba, los aventureros franceses, que tienen sus cuarteles más cerca de donde han de penetrar los imperiales dan la alarma en el campo de su señor, poniéndose todo el ejército real en arma. El rey envía delante los escuadrones de suizos y alemanes, y marcha con la artillería y caballería partiendo desde su alojamiento, ordenando a Bussy d'Amboise [Jacques d'Amboisee, señor de Vauray, capitán de los aventureros franceses] que permanezca en los alojamientos con parte de los infantes franceses e italianos en lugares convenientes bajo el castillo en precaución de la salida de Leiva.

Entra del Vasto en el Barco con infantería española y alemana y tres bandas de caballos, y expulsan al capitán Greco Justiniano genovés que allí hacia guardia.

Los dos escuadrones principales de los imperiales, compuesto por 5-6000 españoles uno y por 12000 alemanes el otro, marchan por el parque a punto de batalla. El escuadrón de los lansquenetes está a la izquierda del formado por los infantes españoles, y al otro lado de los alemanes se halla el virrey con la gente de armas, con los capitanes Alonso de Córdoba y Rodrigo de Ripalda con 200 arcabuceros a su guarda. La caballería ligera con el coronel Enzor a la diestra del escuadrón español. Los soldados de caballería también portan camisas sobre las armas, con bandas de tafetán rojo sobre éstas.

Envía Pescara al marqués del Vasto hasta Mirabel [14], sitio fuerte por el canal que viene de Binasco a Pavía, muy malo de pasar a pie, y el río Vernaccia con tres mil españoles y alemanes [6 banderas de españoles y 6 de alemanes] un escuadrón de caballería ligera, y dos piezas de artillería con yeguas cargadas de munición, ganando el marqués "casa y paso" pero perdiendo en el camino las yeguas, no pudiendo hacer en el combate más que los dos tiros con las que iban cargadas las piezas.

Los 2000 italianos [500 napolitanos] respaldados por hombres de armas españoles quedan en la retaguardia a cargo de la artillería tirada por bueyes y caballos. Esta retaguardia avanza con dificultad debido a que la artillería se atolla en zonas embarradas y queda descolgada de la batalla y la vanguardia que avanza a través del parque.
Se da la circunstancia de que "siendo los últimos son encontrados primeros por el enemigo",  y son hechos pedazos por un escuadrón de lanzas francesas [a cargo de Charles Tiercelin, señor de la Roche du Maine, teniente de la compañía del duque d'Alençon yde Philippe Chabor, señor de Brion] respaldados por los aventureros franceses y los suizos, y ante este revés, los hombres de armas españoles, afrentados además por cuatro culebrinas a cargo de los aventureros,  reculan a un bosque cercano. El señor Federico da Bozolo con 30 hombres de armas toma la artillería española que acaba de entrar, rompiendo a la arcabucería y escopetería española [tres compañías según Jovio] que la guarda. Los franceses se ven ya señores de toda Italia con estos primeros movimientos exitosos.

La vanguardia de la caballería imperial. conducida por Charles de Lannoy, la constituyen 200 lanzas, más 100 hombres de armas de los continos de Nápoles, más la compañía del virrey de Nàpoles [de unos 100 hombres] con 50 alabarderos de su guardia a pie - que al tiempo de romper se metieron en el escuadrón de la infantería - y 6 trompetas de caballeros particulares vestidos de colorado y amarillo portando en banderas rojas las armas imperiales. La batalla la conduce Borbón con 200 lanzas más caballeros particulares y la compañía del marqués del Vasto. La retaguardia la lidera Alarcón con unas 200 lanzas. En total son unas 700 lanzas más los continos.

La caballería ligera está nominalmente a cargo del marqués de Civita Sant Angel, más el marqués se hallará combatiendo con los hombres de armas, y está compuesta por unos 400 o 500 caballos, dividida en tres escuadrones: uno de ellos marcha a Mirabel acompañando la infantería, otro queda en batalla, y el otro, a cargo del capitán Guido Guaino se queda fuera del Barco en defensa del bagaje del ejército imperial.

Pescara indica al virrey, enviándole para ello a Falcio, que afronte a los franceses con sus hombres de armas: debe parar en el camino, y "vueltas las banderas contra el enemigo" dar la batalla. Transmite asimismo ese mensaje a Borbón y a los lasnquenetes alemanes. El propio Pescara en persona se allega hasta Mirabel donde se halla del Vasto, que habiendo a los franceses cruzar el Vernaccia se encaminaba contra él por su izquierda. Repartidas estas instrucciones, Pescara acude a la infantería alemana.

Alfonso de Ávalos, II marqués del Vasto - o del Guasto - conduce a tropas españolas e italianas en esta representación pictórica de la batalla. Detalle de la "Batalla de Pavía" por Ruprecht Heller [1529]
Pescara lidera la infantería española y alemana en dos escuadrones. La primera hilera del escuadrón de españoles, la reserva para los capitanes, la segunda, para los alféreces y la tercera, le corresponde a los gentileshombres del capitán general, entre los que se cuentan sus criados y continos que apeados van a combatir como infantes. A 800 arcabuceros los manda poner delante del escuadrón, mientras que el propio Pescara va montando sobre su caballo de nombre Mantuano.

Pronto la superioridad de la artillería francesa se hace notar, y Pescara ordena que la infantería se tienda en el suelo por excusar el daño que les causa. Se hallan en un bajío, y con "el socorro del lugar muy bajo podían huir de las pelotas". El virrey y Alarcón con la caballería intentan resguardarse entorno a la casa de un labrador para librarse de la artillería.

El virrey ordena avanzar a toda la caballería [vanguardia, batalla y retaguardia] para chocar contra los gendarmes del rey Francisco, que al dar orden de adelantarse la caballería francesa para acometer el cuerno derecho de los caballos imperiales, viendo el gran fruto que la artillería hacía contra el enemigo, impide que esta trabaje por no dar en la espalda a los que avanzaban. Este parece ser el gran error estratégico de los franceses, inutilizar una de las dos armas en que eran superiores, dejando asimismo desguarnecida la propia infantería suiza y alemana.

En el choque de los dos escuadrones de hombres de armas, imperial y real, Hernando de Alarcón es derribado del caballo, pero el arcabucero Jorge de Sevilla, derriba de un disparo a una caballero francés, y cede la montura al estimado capitán. Muere el capitán don Ferrando Castriotto por mano del rey de Francia, y cae tambíen don Hugo de Cardona, teniente de la compañía del marqués de Pescara [15]. Castriotto, marqués de Civita Sant 'Angelo, jefe de la caballería ligera, al no haber tenido la precaución de llevar cadenas por riendas, pierde el control de su corcel al serle cortadas, y es el mismo rey de Francia quien lo derriba de una lanzada, dejándolo muerto en el campo de batalla [16].

Pescara manda entonces a Quesada con sus 200 arcabuceros que disparen sobre los hombres de armas franceses que avanzan. Aquí los franceses padecen un gran daño, pues los arcabuceros españoles, aún trabada la escaramuza entre los dos escuadrones, imperial y real, tiran sobre los caballeros con cruces blancas o sin camisa o sus caballos y la llegada de más arcabuceros españoles - hasta 700/800 - "sin jamás parar los arcabuces" les hace recular y deshacer su orden para poderse mejor de los disparos, para rehacer su orden y cargar contra los arcabuceros españoles, que "cubiertos de armas ligeras" se retiran con presteza y se extienden por el campo en escuadras. Aquí los hombres de armas no son capaces de realizar el seguimiento, con los brazos literalmente cansados de llevar la lanza, y al recogerse juntos para rehacer los escuadrones, eran derribados en tierra presa fácil de los tiradores.

Las tropas a cargo de del Vasto caminan desde Mirabel cruzando el arroyo para reunirse con el escuadrón de españoles.

En el camino, es cargado por una banda de caballos franceses a cargo del capitán Anne de Montmorency, condestable de Francia, rompiendo con su escopetería y arcabucería dicha caballería, tomando el capitán Herrera a Montmorency tras ser derribado su caballo por el capitán Castaldo y atrapado el noble francés bajo el peso de su montura.

Superado el obstáculo, y reunidos a los infantes españoles, caminan en escuadrón para afrontar el escuadrón de lansquenetes de las bandas negras - traidores a su señor el Emperador - el cual tiene en vanguardia 4000 coseletes escogidosy 200 escopeteros que "no traían puntería".

Los escopeteros alemanes que según el relato de Cereceda "no traían puntería", quedan ejemplificados en este detalle de la "Batella de Alesia" de Melchor Feselen [1533]: el arcabucero de gris dispara llevando la mecha sobre un "palillo" y aplicándola directamente sobre el fogón. Estas escopetas, todavía en uso en el primer tercio del XVI, carecían de llave, y por lo tanto, no podían ser disparadas llevándose la coz [hoy diríamos culata] del arcabuz al hombro y pulsando el gatillo o disparador. Estas escopetas tampoco tenían mira alguna dispuesta sobre el cañón, evidentemente. 
600 arcabuceros españoles destacados responden la primera ruciada de los escopeteros alemanes, y en "medio cuarto de hora" no se veía coselete en pie, pues todos habían caído, siendo el caso que "tal coselete se halló con cinco arcabuzazos en el peto, y otros con cuatro y otros con tres y con dos". Hubo arcabuceros que tiraron 8 y 10 tiros, y los que menos más de seis.

Lansquenetes ilustrados por Erhard Schoen. Entre los piqueros que caminan tras los alabarderos, podemos encontrar dos coseletes en los extremos de la fila bien pertrechados con sus armas defensivas.

Los arcabuces - ya lo comentamos en otra entrada - se recalentaban con los repetidos disparos, hasta quedar en muchas ocasiones inservibles [la carga de pólvora se podía prender accidentalmente con el calor, y el plomo se podía derretir dentro del cañón] y tal le sucedió al capitán Quesada que "con el gran escuecimiento que tenía su arcabuz" hubo de tomar "un ginotón o vero lanzón" para continuar combatiendo.

La potencia de fuego española, que va a ser clave en esta batalla y en el predominio de las armas españolas en los campos de Europa en el siglo XVI, queda constatada en estos pocos minutos. El escuadrón de las bandas negras ha quedado desecho.

No en vano escribió el 25 de febrero el virrey de Nápoles Charles de Lannoy a la gobernadora de los Países Bajos, Margarita de Austria, atribuyendo el haber ganado la batalla principalmente a los infantes [pietons] españoles:
La batalle ette bien dispute de quote et d'autres et ont nos Gendarmes et Pietons fort bien fet leur devoir, et principalment les Espagnoz qui ont ette cause de la vitoire.

A su lado, los lanquenetes imperiales, puestos en dos escuadrones de 6000 hombres, hacen frente a la escuadrón de esguízaros de los cantones altos, que tras adelantarse, reciben una ruciada de los arcabuceros de Micer Jorge [Frundsberg], llegando después a tentarse con las picas.
Los alemanes, según costumbre de guerra, echan un puñado de tierra sobre sus espaldas, hincados de rodillas, metiendo y sacando sus espadas un palmo, ritual previo al combate. El escuadrón de suizos no cuenta con arcabuceros.
Los españoles, desocupados tras la rota de la banda negra, acuden a respaldar a los lansquenetes alemanes, flanqueando el escuadrón de suizos, que muertos la primera ordenanza - la primera fila - de los capitanes, quedan desorganizados, y por la "cierta perpetua lluvia de arcabuzadas" lanzan las picas y huyen a espaldas vueltas, ahogándose no pocos en el Ticino [17]. Quedaba así desecha la infantería al servicio del rey de Francia.

Antonio de Leiva se suma a las tropas imperiales de socorro, saliendo de Pavía con su gente.

Detalle del tapiz nº7 de la serie de Van Orley sobre la batalla. Aquí se puede ver la salida de los hombres de armas de la guarnición de Pavía saliendo por el castillo de la ciudad.
El duque de Alençon se hallaba con 200 hombres de armas y 4000 infantes a cargo de la retaguardia, que custodiaba la artillería francesa que había quedado atrás tras avanzar la vanguardia y la batalla. Trescientos arcabuceros españoles van a escaramuzar contra ellos; los hombres de armas pretenden cargar, pero hallándose los arcabuceros desparramados [18], es imposible hacerles frente, mientras que éstos se dedican a matar a los artilleros y a quienes defienden la artillería llegando incluso a desjarretar a los caballos que tiran de las piezas. Sufriendo los hombres de armas la acción de la arcabucería reforzada por más infantes, Alençon decide retirarse, huyendo del campo de batalla junto con su roto escuadrón.

El rey es descabalgado, muerto su corcel por un arcabuzazo, y prendida su persona por infantes españoles, un símbolo de lo que ha sido la batalla.

El ejército real está desecho, sus soldados muertos en el campo o puestos en fuga; muchos se ahogarán intentando cruzar el Ticino, serán numerosos los gentileshombres presos, de los que se obtendrán cuantiosos rescates [19]

Se toman 53 piezas de artillería, una presa de enorme valor.

El rey será conducido a Madrid, donde estará preso cerca de un año, para después incumplir una vez liberado lo acordado en el Tratado de Madrid, y con esta disputa dinástica Valois-Habsburgo, regresar los desastres de la guerra a la península itálica.


LECTURA COMPLEMENTARIA
He redactado dos entradas más sobre la materia:
1) Sobre el papel jugado por la escopetería y arcabucería española en la batalla


NOTAS


[1] No era nada infrecuente que se tomara una plaza, en este caso la ciudad de Milán, y una parte de la misma, normalmente el castillo, o una ciudadela, quedara en manos de los defensores. Así, el asedio se mantenía contra estos defensores - como mucho, unos cientos, los que pudiera albergar el castillo - aún habiendo tomado el control de la ciudad. Durante esta campaña, tenemos el ejemplo de la toma de Santo Agnolo, que brevemente será descrito en este artículo en su lugar.

[2] Aunque los lansquenetes eran súbditos del Emperador, y dada su condición, no podían servir a príncipes enemigos de su señor, el caso es que había varios miles de ellos al servicio del rey de Francia.

[3] Cuartel en el sentido de emplazamiento para alojar a las tropas. En el caso de un asedio, como este en concreto, las tropas eran repartidas entre las casas de los burgos extramuros de la ciudad, y si con esto no era suficiente, se alojaban en tiendas o barracas construidas por los propios soldados y gastadores. Normalmente, por cuestiones de índole cultural, idiomático y organizativos, los cuarteles se repartían por naciones, según la nación de los soldados.

[4] Una "rocha" era el nombre italiano para designar una fortaleza, una "rochetta", por tanto, era una pequeña fortaleza o fortín.

[5] Los hombres de armas, o gente de armas, soldados que combatían a lomos de potentes caballos empuñando lanzas de ristre, también combatían desmontados, ya sea en campo o durante asedios. Su equipamiento de armas defensivas les permitía avanzar entre los defensores con menor riesgo que los infantes comunes, normalmente peor armados, o desarmados totalmente [armados: con armadura].

[6] La mayor parte reclutados por George von Frundsberg.

[7] Soldados de caballería ligera.

[8] Las cifras son variadas, y a riesgo de confundir al lector, procuro ofrecer varias de fuentes diversas, antes que ofrecerle unas únicas cifras dándolas como fiables y certeras.

No obstante, de una carta de 19 de enero de 1525 del Ábad de Nájera - comisario imperial en el ejército de Italia y encargado de las pagas a las tropas -  al Emperador, tenemos la siguiente relación de tropas:

13.000 alemanes
5.000 españoles
3.000 italianos
800 hombres de armas
1500 caballos ligeros

Mi valoración es que esta era la composición - presumiblemente redondeada al millar en el caso de la infantería y al centenar el de la caballería - del ejército imperial un mes antes de la batalla. El Abad era muy prolijo en su correspondencia, como correspondía al cargo que detentaba.

[9] Para la mayoría de lectores el dato será conocido, pero los soldados, careciendo de uniformes, se identificaban con los colores de los príncipes - o estados - a los que servían: blanco para los franceses, rojo para los Habsburgos. La infantería normalmente usaba cruces de diverso tamaño cosidas en la ropa, y la caballería usaba bandas o fajas, pero también empleaba cruces de tela en pecho o espalda. Así pues, la estratagema de estos hombres que introducen la pólvora en Pavía, supondría el equivalente antiguo al empleo de un uniforme enemigo.

[10] Una encamisada era una operación nocturna en la cual los participantes se colocaban camisas blancas - u otras prendas o telas de ese color - para poder distinguirse en la oscuridad frente al enemigo.

[11] Los forajidos o "foraussiti", eran súbditos del duque de Milán declarados en rebeldía, traidores que habían seguido el bando francés.

[12] Había cierto número de españoles sirviendo al rey de Francia, por ejemplo el capitán Guevara, como relata Juan de Oznaya. El tal Guevara fue despedido del servicio imperial, y por lo tanto, como tantos otros soldados de la época fue a buscar sueldo "donde le hallase"; rechazado por el duque de Milán y el marqués de Mantua fue admitido por el rey de Francia.  La noticia del bando que otorga perdón a forajidos milaneses, lansquenetes y españoles es veneciana.

[13] La tienda era sin duda de alguien importante, por su tamaño, y por la plata que había en ella, según carta de Charles de Lannoy a Margarita de Austria.

[14] En Mirabel se hallan numerosos mercaderes que avituallan el campo francés, soldados enfermos y ciudadanos de Pavía; también el embajador ante el rey del Papa Clemente. En el edificio se custodian gran cantidad de vituallas y arneses reales. En Mirabel plantan las banderas en el foso del edificio.

[15] Era frecuente que las compañías de caballería siendo gobernadas nominalmente por señores, al asumir sus personas mandos superiores durante la batalla [como es el caso del marqués de Pescara] quedasen al gobierno particular durante el combate de sus tenientes. A veces sucedía lo contrario, como el caso del marqués de Civita Sant Angelo, que siendo gobernador de la caballería ligera, combatió a título particular con los hombres de armas.

[16] El marqués fue hallado el 25 entre los muertos, con muchas heridas ligeras y una tremenda cuchillada en la cara causada por una lanza. Parece ser que olvidó bajar su visera mientras cabalgaba, descuido que se sumó a la falta de precaución en lo que respecta las riendas de su montura; según carta de Charles de Lannoy al Emperador de 25 de febrero.

[17] Siendo los supervivientes perdonados y, tras ser convenientemente desvalijados por la soldadesca imperial, marchan a su país con licencia del Virrey.

[18] Este "alargarse por todo el campo" [1] de la arcabucería, con su potencia de fuego, la "terrible tempesta d'archibugiate" fue clave en la batalla. "Per li nuovi precetti del Marchese, senza ordine s'allargarono per tutto il campo" según  "Vita di don Fernando Davalo marchese di Pescara". A ello contribuyó la orografía irregular del parque de caza, que impidió buenas cargas de la caballería francesa.

[19] Los prisioneros eran tomados normalmente por soldados, y posteriormente, no pudiendo hacerse cargo de su mantenimiento, en función de su categoría era traspasada su custodia a un caballero que sí podía mantenerlo hasta la recepción del rescate pagados por sus familiares o deudos. El caballero había de pagar al soldado que había realizado la presa una cierta cantidad, que era muy inferior al montante que recibiría por el rescate.








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