Jinete - Ginete

El jinete es un soldado de caballería que combate a la ligera, montado en una silla de estribos cortos y arzón bajo, que maneja una lanza de mano, endémico de España, originado durante la reconquista por influencia de la caballería mora.

Podemos apreciar en la siguiente imagen [retazo de la Batalla de las Higueruelas de la sala de batallas de El Escorial] las evidentes diferencias entre los hombres de armas [representados en la parte baja izquierda] y los jinetes [representados en la parte central]:

El hombre de armas viste arnés completo, de pies a cabeza, celada con la visera abatida, lleva una silla de estribos largos con las piernas totalmente estirada y una gruesa lanza de armas que apoya sobre el ristre.

El jinete se defiende con armas ligeras, el rostro descubierto, las piernas dobladas adaptadas a la silla morisca de estribos cortos y una lanza ligera de mano que maneja fácilmente con el brazo, mientras el izquierdo sujeta un escudo también de factura árabe, la adarga, con una sección que podríamos denominar con forma de manzana.


Veamos con más detalle al jinete:


Por la Ordenanza de 1503 [publicada por Quatrefages en "La revolución militar moderna"] vemos que el jinete ha de portar "coraza, capacete, babera, quijotes, faldas, guarnición de brazos entera, lanza, adarga, espada y puñal o daga". En todo caso, lo más probable es que el soldado portara habitualmente una camisa de malla de cota antes que una coraza con faldas y quijotes y de ahí la sempiterna necesidad de la adarga de cuero.

Cabalgar a la jineta era la manera tradicional de cabalgar y de luchar a caballo en España, y el jinete, el caballero que así montaba o el soldado que así combatía, pero la caballería pesada al estilo europeo se había incorporado a los ejércitos de los distintos reinos de España, y culminada la reconquista durante el reinado de los Reyes Católicos, el jinete era ya la segunda arma de caballería, pues ahora pasaba a ser Francia - y acompañando a su rey todas sus "lanzas" - el principal rival.

Los jinetes, no obstante, acompañaron al Gran Capitán en sus dos campañas italianas (1495-1497) y (1500-1504): en 1500 se embarcaban en Málaga tres capitanías de jinetes y otras tres de hombres de armas, mientras que la Armada de Cartagena había desembarcado únicamente 500 jinetes en Mesina cinco años antes.

Aunque aquellos "zanetari" o "cavalli zanetti" fueran bien recibidos, elogiados como "benissimo in hordine", nadie se hacía ilusiones respecto al papel que podrían jugar frente a la caballería pesada francesa, pero aún así en Seminara [jun1495] y a pesar de "lo que hay de ombres de armas a ginetes", el Gran Capitán certificaba a Sus Altezas "que todas las batallas de sus caballeros desbaratamos los ginetes, que fueron dellos muertos y presos más de veinte hombres darmas".  A pesar del exitoso choque, la batalla se perdió por no secundar el rey de Nápoles la acción de la caballería española.

En 1503, constituían las Guardias de Castilla 998 hombres de armas y 1843 ginetes [1].

El célebre historiador florentino Guicciardini, que se hallaba en misión diplomática en España, escribía en 1512 que los de aquella nación "no tienen buenos hombres de armas, pero emplean mucho la jineta" siendo ese soldado válido para "acosar, para inquietar la retaguardia de un campamento, para impedir cl paso de los viveres y para producir a los enemigos otros males semejantes, mas bien que para atacar de frente".


Modo de combatir

Martín de Eguiluz, en su Discurso y regla militar de 1592, describe como la jineta de España para campear es perfecta, que es presta como el pensamiento, y revuelve por do quiere, y pica por todas partes [...] y ninguna otra caballería les dañará si no los cogiesen encerrados; pero en campaña ella hace lo que quiere, porque si la demás caballería la sigue para alcanzarla, es como ir el mastín tras el galgo; y también si quiere esperar la carga de la caballería ligera, hiere mejor huyendo, porque tira de la lanza para atrás, y mata el caballo que le sigue [...]"

Era evidente que los jinetes tenían la ventaja de la agilidad, pero también podían ser acorralados, como relata d'Auton sobre una escaramuza que trabó Robert Stuart en las cercanías de la Barleta en 1503: soubdainement tournèrent bride, et adressèrent aux genetaires, qui ja avoyent l'embusche au doulx. La avoit hayes et fossez, et chemins emconbreulx, par quoy iceulx genetaires ne pouvoyent fuyr; si furent devant et derrière chargez si lourdement pour eulx, que au premier choc allèrent plus de xxv par terre. De haber dispuesto de una zona adecuada por donde huir, aquellos genetaires sin duda no hubieran sido atropellados, pero está claro que no "hirieron mejor huyendo" como indicara Eguiluz nueve décadas después.


Lanza Gineta.

"La más perfecta para la gineta ha de ser de hasta diez y ocho, ó diez y nueve palmos, no muy gruesa ni delgada, sino de buena forma y tamaño, más tiesa que blanda, de dos costras enteras, el hierro de buen talle y el cuento redondo y bien guarnecido" Suárez Peralta.

Tenemos pues una lanza de 3,6-3,8 metros, aún cuando en la representación de la batalla de Higueruela se antoja considerablemente menor.


La adarga

Recuperamos este extracto de la descripción de la milicia de Tenerife en 1568 que hiciera Eugenio de Salazar sobre la protección que ofrecía la adarga:
"el peso de la espada sobre el muslo, la adarga sobre el brazo izquierdo, la rienda en la mano zurda, la lanza en la derecha; ¿cuál diablo se ha de menear y revolver en la silla, ni jugar la lanza y adarga? Si la lanza del moro viene por detrás bimbrando el hierro como lengua de culebra, perdone la señora espalda del jinete, que la adarga ni sabe ni puede cubrir el cuarto trasero: pues si viene el golpe sobre el lado de la lanza, allí es el sudar y temblar y perlesía de todo el lado derecho, porque cualquiera de estas adargas es de mérito, y parece de encaje, como tablachina de húngaro, que no hay menearla de sobre el lado siniestro, porque así se lo manda el corazón, que esté delante de él y le ampare, y todo lo demás del cuerpo se valga por sí".

Salazar ironizaba, pero en todo caso, es evidente que - al menos a juicio del autor - dicho escudo de cuero no ofrecía una protección óptima que compensara el embarazo a la hora de moverse con ligereza a lomos del caballo.

Otro detalle de la obra pictórica referida, para que se pueda ver mejor la forma del escudo y la manera de llevarlo amarrado al brazo diestro, el mismo - no olvidemos - que ha de manejar la rienda.


De la "Guerra de Tremecén, 1543" vemos que la adarga, evidentemente, no detiene las balas de las escopetas moras: hirieron de un escopetazo al capitán Alonso Hernández de Montemayor , el cual se habia llegado á la retaguardia; y á d. Martin de Córdoua le dieron otro en el morrión, y á otros criados suyos les pasaron las adargas y gorjales; pero no hirieron á ninguno dellos de manera que peligrasen.


Decadencia de la jineta

El estradiote montado "a la bastarda" denominado más adelante caballo ligero, sustituyó progresivamente al jinete en las armas españolas, siendo una versión aligerada del pesado hombre de armas del siglo XV, si bien se asumía que el jinete era un soldado válido para la lucha contra el turco o las cabalgadas en Berbería.

En 1551, por la Ordenanza de las Guardas Viejas de Castilla, vemos que todos los soldados se equipan con lanzas de armas, y por lo tanto, son hombres de armas y no jinetes, cuando en 1538 aún había 655 plazas de lanzas ginetas por 961 de hombres de armas [2].

En la segunda mitad del siglo XVI resulta difícil hallar menciones del jinete fuera de guarniciones peninsulares o en Berbería. Así, en la Historia del maestre último que fue de Montesa [escrita por Diego Suárez, licenciado en 1604] vemos que en la guarnición de Orán había dos dos estandartes, de caballos ligeros á la gineta, de cota, lanza y adarga, con la tercia parte de cada compañía de arcabuceros.

Refiriéndose a los sucesos de Gibraltar en 1540, con la lucha contra la armada turca, escrito por Pedro Barrantes Maldonado y publicado en 1566, atribuía un extranjero el uso de la adarga a las pasadas guerras del reino de Granada y respondíale el autor:

Extranjero: Porque son ya muertos los que en aquel tiempo, peleando con lanza, adarga y corazas, conquistaron aquel reino, y como después acá no han quedado moros con quién pelear, y la gineta se ha trocado por estradiota, las lanzas por arcabuces, e las adargas por rodelas, parecióme que, si no eran los muertos que en aquel tiempo lo usaron, que no podíades ser de los vivos que ya no lo usan.

Autor. [...] En los usos de España no miréis; porque, Como el camaleón se torna de la color de
la cosa donde se llega, excepto la blanca y la colorada, ansí los españoles tomamos
todavía los usos de todas las otras naciones con quien comunicamos. E cuando se enhadan, teniendo ya por añejas las cosas nuevas, tornamos á tomar por nuevas las olvidadas; e ansí es agora en lo de la gineta, adargas y corazas. Cuanto más, que en esta Andalucía y costa de la mar nunca se han desusado estas armas.

El tiempo del jinete, efectivamente, había pasado, pero todavía había ocasiones y geografías propicias para el empleo de esta antigua escuela de armas.


Notas

[1] Historia orgánica de las armas de infantería y caballería españolas, Tomo 2. Conde de Clonard, p.516
[2] Idem, tomo 3, p.334
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