La caballería española del periodo.

La caballería en estos siglos de revolución militar que son el XVI y el XVII, vive una transformación muy importante, debido, principalmente, al desarrollo de las armas de fuego.

La siguiente clasificación de las distintas ramas de este arma en el periodo pretende ser cronológica, tanto en origen, culmen como en declive. Acerca de cada una de ellas realizaremos un detalle describiendo su equipamiento, su modo de combate, sus virtudes y defectos...

Jinetes

El jinete español, que montaba y luchaba a la morisca, se desarrolla como respuesta precisamente a la manera de combatir árabe, en caballos ágiles y armados ligeramente, luchando a "picar" antes que a chocar. En el siglo XVI abandonan definitivamente la adarga [escudo en forma de corazón] pero no se les ve fuera de la península avanzado el siglo, sino es en Berbería o las Indias.
Montan en sillas jinetas [con bridas cortas] y usan lanzas jinetas [asta maciza de sección continua] y siguen el principio de "más vale maña que fuerza", aprendiendo a manejar la lanza a lomos de caballo haciendo blanco en pequeños objetivos - el anillo - en juegos donde lucen sus habilidades.
Esta escuela tuvo una mínima repercusión en los conflictos en Europa, y en España quedó básicamente reservada como arte ecuestre para divertimento de jinetes y espectadores.

En la época se usa comunmente el término ginete con G antes que con J.

Hombres de armas

También llamados gente de armas, se trataba de una caballería de tipo medieval, cuya plenitud tuvo lugar en el siglo XV. Fuertemente armados de los pies a la cabeza, y protegido igualmente el caballo con testeras y bardas, empleaban la gruesa lanza al choque.




En la imagen, una representación no contemporánea de las Bandas de Ordenanza de los Países Bajos en tiempos de Carlos V, tropas con carácter nobiliario que estaban presentes en número de 3.000 hombres a la llegada del duque de Alba en 1567.

Las Guardas de Castilla son su exponente peninsular. Transcurrida la primera mitad del XVI, no veremos movilizada caballería pesada española fuera de la península.

Caballos ligeros

También conocidos como celadas, y referidos simplemente como lanzas con el declinar de la caballería pesada, se trata de una tipología de caballería similar a la precedente, pero que empleaba caballos de menor envergadura, y que no iba tan fuertemente armada, careciendo de protecciones sus monturas, pero jugando la baza del choque al galope empleando sus lanzas para romper a los jinetes contrarios. De los caballos ligeros nos hemos ocupado por extenso en el artículo correspondiente.


En la imagen, una lámina de un manual de caballería escrito por el caballero italiano Ludovico Melzo, y publicado en Amberes en 1611. Podemos ver el aligeramiento en la armadura del soldado [prescindiendo de protección de cintura para abajo] así como la ausencia de protección del caballo.

Arcabuceros a caballo

El arcabucero a caballo es un soldado mixto: puede luchar tanto a pie como a caballo. Empleando el arcabuz [o la carabina] consigue abrir brecha en los escuadrones de caballería enemiga. No el más poderoso, pero sí el más polivalente. En la entrada correspondiente nos ocupamos por extenso de la materia.

Del mismo libro que la anterior ilustración, un arcabucero a caballo, con su equipamiento bajo pórtico.

Corazas 

Posteriormente al periodo que nos ocupa denominados coraceros, los caballos corazas era unos soldados que combatían con pistola y espada, fuertemente armados con una coraza tres cuartos, similar a la empleada por los caballos ligeros. De ellos nos ocuparemos por extenso en un artículo a propósito. Aunque denostados por algunos militares españoles de finales del XVI, fueron el pilar de la caballería en la segunda mitad del siglo siguiente.



En una representación pictórica de la colección Vinkhuizen de la NYPL, dos corazas abriendo fuego contra un enemigo más imaginario que ellos.

Dragones

Tan siquiera merecedores del distintivo de caballería por la orgánica española de la época, estos "mosqueteros a caballo" eran infantes montados, que se desplazaban sobre sus animales, pero que combatían fundamentalmente a pie. Suponen una evolución de los arcabuceros a caballo, que frecuentemente desmontaban para combatir.



Equipados con las peores monturas, los dragones debían desmontar para emplear sus mosquetes, como este dragón idealizado de la misma colección antes señalada.

En Nordlingen [1634] el cardenal-infante don Fernando contaba entre sus tropas cinco compañías de Dragones - una de ellas, gobernada por el capitán don Pedro de Santa Sicilia - con un total de quinientos hombres, como narra don Diego de Aedo en su memorable viaje.
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